Mi libreta siempre me ha acompañado pero lo que de joven eran cuadernos repletos de dibujos, desde hace años son páginas y páginas de presupuestos, listas de pintura, estructuras de proyectos, ideas y bocetos esquemáticos. No es bonita como para enseñarla, sólo hay dibujos a medio terminar, hechos para algún trabajo, todo es trabajo…por lo que echaba mucho de menos dibujar por dibujar y disfrutarlo. Las vacaciones eran el momento perfecto para usar la libreta de otra manera. Tenía tiempo pero estaba rodeado de niños, en el parque, en la terraza, en la piscina. Entonces les invité a dibujar en mi libreta lo que quisieran, algo que nunca antes había hecho. Algo que jamás hubiera pensado antes de tener hijos, invité a mis hijos y a sus amigos, después utilizaba sus dibujos para hacer encima otros míos usando sus trazos. La mayoría de veces los respeté y dibujé alrededor creando una amalgama bastante fresca, curiosa e interesante. Viéndolos pintar te das cuenta de que te encanta la energía limpia que derrochan los niños al crear, sin escrúpulos ni vergüenza; todo está bien. Me hace recordar que yo también fui así, es todo disfrute.
Y gocé al dibujar las páginas sin pensar en el resultado o el estilo. Mi libreta se convirtió en un campo de batalla, a cada paso podías pisar una mina/idea que te estallaba y lo ponía todo patas arriba o te asaltaba un batallón de niños disparando ráfagas de color con tus propios lápices.
Por supuesto las ideas son las más locas y automáticas que se me pasaron por la cabeza, sin filtro. Resulta súper divertido e interesante ver cómo tu cabeza va saltando de concepto y de forma, plasmando esa deriva mental sobre el papel, imprimiendo la realidad imaginada.
Empecé tímidamente, dibujando y poco a poco fue cogiendo cuerpo, ritmo y color, de los bocetos pasé a dibujos que cada vez estaban mejor y más acabados y la libreta se iba llenando cada vez más, hasta que llegó un momento en el que me descubrí pintando hasta el último resquicio del papel mientras pensaba en otros artistas referentes y sus libretas impolutas, con dibujos perfectos y sin fallos, cuadernos de los que yo antes me burlaba diciendo que no eran libros de bocetos reales, que eran postureo cara a la galería. Entonces miraba mis páginas y me reía de mí mismo mientras me golpeaba la verdad del verano, fue un proceso orgánico y sin pretensiones, cada noche revisaba los progresos pasando las hojas lentamente mientras recordaba lo acontecido como un diario, sorprendido por lo poco que estaba mirando el teléfono. Tenía el mejor pasatiempo del mundo.
Un día llegué a sentirme orgulloso del conjunto de páginas que tenía entre mis manos y comencé a pensar en ello como algo digno de ser publicado. No tenía ningún sentido, ni dirección ni propósito. Eran sólo ideas “random” aterrizando en un montón de páginas…¿le podría interesar a alguien?. Creo que sí y justo eso fue lo más interesante, crear sin intención y acabar teniendo un proyecto maravilloso de un libro.
Tienes en tus manos un diario estival de lo que me pasó por la cabeza esos días sin ningún tipo de filtro, un “horror vacui” mental y estilístico donde vaciar mi cabeza atormentada por una locura sana y refrescante, una terapia en toda regla donde dar rienda suelta a mis pensamientos intrusivos e inquietudes locas de verano.
Espero que lo disfrutes» .
Información adicional
Peso
0,10 kg
Dimensiones
1 × 21 × 29,7 cm
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