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Crónicas Zinemaldia 2018

POSTED ON 21/09/2018 BY ARTEUPARTE MAG

Crónicas Zinemaldia 2018

Damos la bienvenida con especial ilusión a un Zinemaldi que se presenta apasionante, especialmente en lo que toca a su Sección Oficial. Como de costumbre, hemos tratado de centrarnos en las cintas a concurso y las imprescindibles Perlas, sin dejar de lado otras secciones como Zabaltegi, Nuevos Directores y lo que hemos podido encajar a la hora de resolver ese cubo de Rubick en el que suele convertirse nuestra programación particular. Las cuentas cuadran. Nueve días y casi cincuenta películas por delante. Daremos cuenta de todo ello en estas crónicas, procuramos, libres de spoilers. Comienza la 66ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián.

FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2018

DIA 1. 21 DE SEPTIEMBRE

Inaugura a concurso El amor menos pensado, del argentino Juan Vera. Aunque su envoltura sea la de una comedia, en esta película sobre la crisis del matrimonio hay un profundo poso de melancolía, la tristeza de una pareja que se descubre indiferente en su madurez pero también de unos seres humanos sumidos en el desconcierto cuando dirigen su mirada hacia ellos mismos. Es de agradecer que en este terreno tan trillado y plagado de clichés, el corazón del film se construya a base de diálogos, dando sentido a la química existente entre Ricardo Darín y su compañera Mercedes Morán. Aunque las risas las encontramos en las relaciones amorosas en paralelo de uno y otro, la cinta brilla cuando ambos se juntan. A pesar de su duración y su cadencia literaria, un trabajo bien ensamblado que consigue activar nuestros resortes sentimentales, adelantando que tarde o temprano cada uno deberá sentarse a hablar de cosas tan trascendentes como el (des)amor y el (re)encuentro.

El amor menos pensado, de Juan Vera

Hace algunos años, Elías León Siminiani sorprendió a propios y extraños con Mapa, una hermosa película-canción-diario que desafiaba cualquier tipo de definición y convencionalismo. Por la misma senda avanza Apuntes para una película de atracos, un documental atípico que convierte la historia real de un butronero que desvalijaba sucursales bancarias desde el subsuelo de Madrid en un collage de formas cinematográficas, desde la investigación periodística hasta el ensayo fílmico pasando por el cine negro. León Siminiani no oculta su condición de cineasta a la hora de exponer su juego entre realidad y ficción, la recreación y lo imaginado, el estudio del personaje y la mirada introspectiva… para terminar fusionando de forma orgánica lo ajeno y lo propio cuando la vida de ese Robin Hood de Vallecas y la suya propia se reúnen. El resultado es una película que no se parece a nada. Sincera, cercana, polifacética, emotiva, cómica y original como pocas. Todo eso.

Apuntes para una película de atracos, de Elías León Siminiani

Este año el Zinemaldi es un auténtico festín para los amantes del cine asiático. El primer plato de nuestro menú será Asako I & II, del japonés Ryusuke Hamaguchi. Su anterior trabajo, Happy Hour, era una pelicula de cinco horas dividido en forma de miniserie. Algo de eso tiene este film con forma de dorama dilatado en el tiempo e historia de amores que marcan, fantasmas del pasado que regresan para poner patas arriba la vida de su protagonista como en el peor de los terremotos. Y sin embargo, no se puede entender este largometraje como la típica telenovela romántica o un slice of life al uso. Aunque hay algo de -nunca mejor dicho- déjà vu en la propuesta, el tratamiento de Hamaguchi le da un sabor especial. Su película termina funcionando de forma extraña e inesperada, ocultando en sus doppelgängers, su costumbrismo y su aparente ligereza una profunda reflexión sobre los ideales románticos, la naturaleza del amor y su constante incertidumbre. Tiene algo.

Asako I & II, de Ryusuke Hamaguchi

No dejará de sorprender cómo el director iraní Jafar Panahi se las ingenia una y otra vez para sortear la censura, forzado a trabajar en la clandestinidad por el gobierno de su país. Como Taxi Teherán, 3 Faces parte de lo básico; el propio director al frente, un puñado de intérpretes, una cámara y un coche le bastan para narrar la crónica de un viaje por el Irán más rural y conservador. Lo que comienza como una road movie en busca de una misteriosa niña desaparecida termina cristalizando en un retrato de mujeres, varias generaciones encabezadas por la actriz Behnaz Jaffari. La mirada del director, inquisitiva y crítica pero también cargada de lirismo, bondad y su característico humor, observa un mundo de contrastes, tradiciones y absurdos, gente acogedora y destinos sellados por la opresión inamovible del machismo. Merecidísimo premio al mejor guión en Cannes, Panahi sabe mejor que nadie que la intolerancia se combate con arte. Cine de mínimos. Cine de resistencia.

3 Faces, de Jafar Panahi

Volvemos a la Sección Oficial con L’homme fidèle, segundo trabajo tras la cámara del actor Louis Garrel sobre una historia coescrita junto a Jean-Claude Carrière, toda una leyenda del guión cinematográfico. Su película tiene todo lo que se le pueda pedir a una comedia negra francesa camuflada de thriller y melodrama, con inevitables ecos a la Nouvelle Vague. Es intrigante, sarcástica, retorcida y sensual cuando escarba en instituciones tan propias del país vecino como las de la maîtresse y el ménage à trois. Delante del foco, el hieratismo sosainas de Garrell le viene que ni pintado para encarnar a ese hombre a merced de sus amantes, dominado por la fuerza de las mujeres protagonistas, estupendas Laetitia Casta y Lily-Rose Depp. Tal vez el recorrido del guión pueda parecer escaso pero lo compensa con un ritmo imbatible y clarividente en sus setenta y pocos minutos. No pasará a la historia pero es muy disfrutable en su condición de película juguetona.

L’homme fidèle, de Louis Garrell

Bergman: A Year in a Life supone el segundo acercamiento de la cineasta Jane Magnusson a la figura del director sueco en el centenario de su nacimiento. Se trata de un documental fascinado por las sombras que unen al artista y la persona, que ilumina en una serie de puntos ciegos que transitan desde el cine, el teatro, la música o la literatura hasta polémicas como la simpatía del cineasta por el nazismo, su apropiación de memorias ajenas o su relación con las mujeres. En definitiva, tratando de entender una forma de ver la vida en la que el arte se concibe casi como un salvaje método de camuflaje. Se pronuncian palabras como despiadado, contradictorio y machista sin caer en el morbo y lo anecdótico, pero lo cierto es que uno tiene la sensación de que el análisis es demasiado sobrio y el recorrido por ese 1957 fundamental para el maestro de Fårö -más «a life» que «a year», hay que decirlo- se pierde en sus bifurcaciones. Es lo que tiene tratar de seguir los pasos de un gigante.

Bergman: A Year in a Life, de Jane Magnusson

FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2018

DIA 2. 22 DE SEPTIEMBRE

Comenzamos con El reino, uno de los must del Festival. Rodrigo Sorogoyen arrasa con un thriller que mantiene al espectador con el culo pegado a la butaca durante dos horas pero que también resulta incómodo por lo que su trama de corrupción política made in Spain tiene de realidad. La cámara nos lleva por donde quiere con habilidad maestra, tensión creciente y trepidante ritmo cardíaco, dejando a su paso recuerdos a las vergonzantes cloacas del Estado, las cajas B, los medios de comunicación, la impunidad de las altas esferas y los cadáveres de una traición entre ladrones. No hacen falta iniciales para saber de qué hablamos. Todos los premios serán pocos para ese monstruo de la interpretación que es Antonio de la Torre, aquí un animal acorralado que embiste contra todo en su huida hacia adelante. Lo mismo puede decirse del resto del reparto. Necesaria o no, una obra para consagrar a un director. Y una de las películas del año. Así, sin despeinarnos.

El reino, de Rodrigo Sorogoyen

Entramos a la proyección de Rojo con los agobios propios de los pases de prensa del Trueba. No resulta fácil encasillar la propuesta del argentino Benjamín Naishtat, un film ambientado en los días previos al golpe militar de Videla. La historia del abogado de provincias interpretado por Darío Grandinetti es también la metáfora de un mundo al borde del colapso y una sociedad en la que la moralidad del buen ciudadano se diluye, vidas normales que se someten al horror de la violencia de la noche a la mañana. Naishtat cuenta todo esto a través de la estética de un noir desdibujado, un imaginario sensorial, crepuscular e hipnótico cuya atmósfera referencia también al rojo simbólico del giallo. El director resuelve con nota esta apuesta arriesgada coqueteando incluso con el humor negro. Ahí queda el personaje del detective sobrenatural al que da vida Guillermo Francella para evidenciar que, aunque se conozca a los culpables, sus crímenes pueden quedar impunes. Brillante.

Rojo, de Bejnamín Naishtat

Hemos tenido que batir récords de velocista para llegar a Dilili à Paris en el Teatro Principal. De Michel Ocelot esperábamos algo interesante, pero el animador francés ha firmado aquí una película fallida que se presenta como una guía turística por los clichés de la Belle Époque y sus personajes históricos con un fondo tan actual y reivindicativo como maniqueo. Las aventuras de Dilili terminan convertidas en un panfleto feminista de parvulario, con esas mujeres sometidas por los malvados machos alfa. Y es una pena, porque, aunque sus reproducciones urbanas sobre fotografías reales y la música de Gabriel Yared sean rescatables, el film naufraga por lo repetitivo del asunto y lo burdo de su mensaje, aún para los más pequeños. En la forma, que no en el fondo. Es sorprendente teniendo en cuenta la sutileza con la que el director trató temas similares en Kirikú y la bruja o Azur y Asmar. Aquí solo le ha faltado colgar una pancarta de la torre Eiffel clamando muerte al heteropatriarcado.

Dilili à Paris, de Michel Ocelot

Que la Sección Oficial apuesta por el riesgo lo viene a demostrar The Innocent, del suizo Simon Jaquemet, que pasó por Nuevos Directores hace unos años con su primera película. Su historia gira en torno a una mujer dividida entre la ciencia y la fe -impecable Judit Hofmann- cuya vida parece tambalearse con el regreso de un pasado olvidado. El director narra su descenso a los infiernos de la culpa y la locura con un tratamiento visual y sonoro claustrofóbicos, que bordean el cine de terror en sus atmósferas opresivas y pasajes oiníricos. Como muestra, ese encuentro sexual en el bosque a modo de aquelarre. Una propuesta con múltiples capas no apta para todos, valiente, incómoda, simbólica, extraña, árida, pretenciosa y por momentos lovecraftiana. El Kursaal se ha quedado con cara de póker ante el cierre WTF de este film que deja más preguntas que respuestas en la cabeza del espectador con destellos de clarividencia. Y eso siempre tiene mérito. #puesamímehagustado

The Innocent, de Simon Jaquemet

Vamos con Brillante Mendoza, uno de los grandes nombres de la Sección Oficial. En Alpha: The Right to Kill el filipino nos mete de lleno en la guerra contra las drogas de Duterte, una masacre de estado que se ha llevado por delante la vida de cientos de personas. Fiel a su estilo, la película es un thriller que adopta la estética realista del documental callejero, como en la soberbia escena de la redada policial que la abre, toda una lección de ritmo. A la vista de Ma’ Rosa o la televisiva Amo, Mendoza parece obsesionado con reflejar la sordidez de los bajos fondos de Manila desde el retrato imparcial de sus personajes y esta película no es diferente. La historia refleja del dealer de medio pelo y el policía corrupto protagonistas es la síntesis de toda esa violencia que engendra violencia, destino final de unos personajes que parecen vivir a las puertas del cementerio. Ciertamente, la denuncia social del film no entiende de sutilezas. Pero funciona. Sucia, concisa, cruda y sin piedad.

Alpha: The Right to Kill, de Brillante Mendoza

Estudiando el programa del Festival se nos hicieron los ojos chiribitas al descubrir la proyección íntegra de la miniserie Coincoin et les Z’inhumains, de Bruno Dumont. No es para menos, porque el pase de su predecesora sigue siendo uno de nuestros mejores recuerdos del Zinemaldi. Si las aventuras del P’tit Quinquin eran la parodia de un polar irresoluto, ahora el director hace lo propio con la ciencia ficción, una invasión de ladrones de cuerpos que le sirve de excusa para sacar la metralleta contra, entre otros, el Frente Nacional, la crisis de los inmigrantes o los abusos sexuales de la Iglesia. Capitaneada esta vez por la desternillante y genial pareja de policías formada por Van Der Weyden y Carpentier, Dumont ha firmado otra astracanada indefinible. Por intentarlo, grotesca, absurda, gamberra, improvisada, metafórica y -seguramente- incómoda a ojos de ciertos espectadores. Hay que verla para creerla. Queremos la tercera temporada. Seguimos siendo fans.

Coincoin et les Z’inhumains, de Bruno Dumont

FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2018

DIA 3. 23 DE SEPTIEMBRE

Hay películas condenadas a ser pasto de tacañones y un claro ejemplo de ello es Yuli, a competición en Sección Oficial. Iciar Bolláin reconstruye aquí la vida del bailarín cubano Carlos Acosta, dando forma a un biopic luminoso en sus diversos enfoques cronológicos: la infancia y la familia; el exilio y las raíces; el talento, la identidad y lo masculino. Guste o no el tratamiento, el principal problema lo encontramos en el guión de Paul Laverty, subrayado para el gran público y recreado por exceso en el melodrama, aunque con algunos momentos genuinamente poéticos. Sería injusto señalar estos defectos y desdeñar el buen hacer del reparto, incluido el propio Acosta interpretándose a si mismo en su etapa adulta, la fotografía de Alex Catalán o la hermosa partitura de Alberto Iglesias. El balance final es el de un film imperfecto pero solvente, recibido por algunos con una animadversión exagerada, escenas de baile con videoguía incluidas. Será que huele a Señora del Príncipe…

Yuli, de Iciar Bollaín

La todavía breve pero fulgurante filmografía del estadounidense Damien Chazelle, elevado a las estrellas con La La Land, nos ha revelado a un cineasta interesado en las sombras del éxito. Lejos de desviarse de esta temática, First Man vuelve a retratar una obsesión íntima, esta vez a través de la figura del astronauta Neil Armstrong, estupendo Ryan Gosling. Quienes esperen la épica de Apolo XIII o Elegidos para la gloria encontrarán una película centrada en la cara oculta del héroe público, primeros planos que contrastan con la inmensidad del espacio como queriéndonos decir que el protagonista solo puede superar su agorafobia en el vacío absoluto. Y es una recreación que convence, por su realismo, su tratamiento sonoro y su sobriedad, sin más acción que las igniciones explosivas de los cohetes. Fiel a su visión de autor, Chazelle ha firmado un film extraño con las ideas muy claras. En definitiva, el drama de un hombre que miraba a la luna para olvidar la tierra.

First Man, de Damien Chazelle

Le toca el turno a Les météorites, primer largometraje del realizador francés Romain Laguna. Hay algo prototípico de Nuevos Directores en esta película rodada en 4:3, retrato de una joven que deambula por paisajes cercanos al realismo mágico a la espera de algo que no encuentra. Los aspectos más documentales del film, ligados a los entornos urbanos y la rebeldía adolescente, se alternan con la soledad de la naturaleza, secretos caídos del cielo que conducen a otra realidad interior, puerta de entrada a un mundo oculto y sensual. Un trabajo interesante, con personalidad, atento al la atmósfera y al estilo… pero sin mayor recorrido en su intención de describir a una generación sin futuro definido a través del personaje de Nina, prometedora Zéa Duprez. Dice @javivoland a la salida que para contarnos la vida de una choni, menos poesía y más porno y gente ostiándose, en alusión a cierta película serbia que tanto nos marcó hace unos años. No le falta razón.

Les météorites, de Romain Laguna

Volvemos a Perlas con Girl, que venía precedida por una excelente recepción en el Festival de Cannes. La ópera prima del director belga Lukas Dhont cuenta la historia de Lara, una joven transexual que aspira a convertirse en bailarina. Cautiva, de entrada, la espectacular interpretación del actor Victor Polster, vulnerable y vitalista, trascendiendo las transformaciones físicas. Más allá, Girl es un film que huye de activismos y lugares comunes. No encontramos aquí los clichés de la incomprensión familiar o el acoso escolar. Al contrario, el drama de la protagonista opera a un nivel mucho más interno, en el difícil diálogo que mantiene con su propio cuerpo. Su transexualidad está enfocada por la cámara desde un punto de vista eminentemente físico, movimientos medidos para envolvernos en la belleza, ímpetu y tensión del ballet. Y uno cae rendido. Gran aplauso para una obra que consigue abordar la identidad de género con una delicadeza y honestidad extraordinarias.

Girl, de Lukas Dhont

El Festival parecía haberse apuntado un tanto con Beautiful Boy y la presencia de Felix Van Groeningen en Sección Oficial, un director que había transitado los terrenos del drama familiar en la demoledora Alabama Monroe. No obstante, el debut del cineasta belga en Estados Unidos se salda con un film sobre la adicción a las drogas que fracasa por machacón y monótono. No ayuda un excesivo Timothée Chalamet, al que da réplica la contención de Steve Carell. Se puede acusar al director de recurrir a la pornografía emocional en forma de flashbacks y momentos musicales pero estos recursos no molestarían tanto si la química paterno-filial funcionase. Olvidados los personajes, el espectador se sume en una letanía de recaídas estancadas en la contemplación. Desde luego que el film asusta por lo real del asunto, como nos quiere dejar claro ese cierre estadístico, pero no es menos cierto que cualquier documental sobre el tema dejaría más huella en nosotros. No conecto.

Beautiful Boy, de Felix Van Groeningen

Un Zinemaldi no sería lo mismo sin Hirokazu Kore-Eda y este año podemos decirlo por partida doble. Su Premio Donostia es tan incontestable como el aplauso del público… y algún galardón escamoteado en Sección Oficial. En Shoplifters el japonés vuelve a su terreno tras el cambio de registro que supuso The Third Murder, poniendo el foco en una familia que sobrevive del hurto y la picaresca. Y la fórmula no falla. Condensando muchas de sus obsesiones como los lazos de sangre, la infancia o los parias del sistema, el relato avanza delicado y armonioso como el tiempo, con una sonrisa que no esconde algunas reflexiones amargas. Como siempre, hay detrás una dirección de actores impecable, destacando entre otros el trabajo póstumo de Kirin Kiki, grande del cine japonés. Otra joya humanista que sumar a una filmografía capaz de ahondar en profundos temas morales desde la ligereza, que enamora y toca sin artificios. La Palma de Oro no se la quita nadie.

Shoplifters, de Hirokazu Kore-Eda

FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2018

DIA 4. 24 DE SEPTIEMBRE

El pase nocturno de Shoplifters nos pasará factura pero tras un café ya estamos preparados para encarar la proyección de Le cahier noir, film de época ambientado en la Francia del Siglo XVIII que adapta una novela de Camilo Castelo Branco tras la estela de los Misterios de Lisboa de Raúl Ruiz. Heredando el proyecto de su marido, la directora Valeria Sarmiento ha querido sacar adelante una historia que sigue al dedillo los cánones del folletín novelado. Quienes no asuman esta premisa encontrarán risibles -y con razón- los giros de guión inverosímiles, las interpretaciones y las carambolas imposibles del destino de las que hace gala el guión. Confesiones en el lecho de muerte, amor en tiempos revueltos y paternidades reveladas son elementos de telenovela cuyo anacronismo explota conscientemente la película, hasta en su sentido del humor. Sin duda, la propuesta tiene su gracia y será dificil que veamos una muerte en pantalla tan aplaudida en lo que queda de Festival.

Le cahier noir, de Valeria Sarmiento

No podíamos perdernos el pase de Tiempo después, encajada dentro de las Proyecciones Especiales de la Sección Oficial como esa rara avis que son las comedias de José Luis Cuerda. El director parte de una novela propia para rodar esta sucesora espiritual confesa de Amanece, que no es poco, centrada en los avatares de la humanidad en un futuro post-apocalíptico, milenio arriba o abajo. El resultado es una colección de situaciones absurdas, gags al borde del abismo y diálogos lapidarios tan lúcida como desbocada. Cuerda dispara contra todo y contra todos en su futuro convertido en chaladura, reflejo de un pasado ajado que pervive en la lucha de clases o la ontología de lo patrio. El reparto coral, que sería imposible enumerar en estas lineas, hace el resto. Podemos sumar esta distopía made in spain a su delirante trilogía “surrualista”. En palabras del propio director, un retorcimiento de la realidad que sigue siendo realidad. No se puede definir mejor.

Tiempo después, de José Luis Cuerda

En Julia y el zorro, la argentina Inés María Barrionuevo disecciona un duelo detenido en el tiempo. Lo hace con pocas palabras, sirviéndose de paisajes que vivieron tiempos mejores para situar a su protagonista en una especie de limbo existencial. Se nota la mirada femenina de la directora en el retrato de esa actriz retirada propia del Hollywood clásico, una excepcional Umbra Colomo sumida en la apatía, incapaz de enmascarar sus sentimientos. El aspecto más interesante del film tal vez sea el intercambio de roles con su hija, una vida que parecer haber terminado antes de tiempo distanciándose de otra que trata de florecer en un entorno desangelado, sombrío e invernal. No se puede negar que las atmósferas de la película son tan ásperas y exigentes como coherentes con su deriva narrativa. Barrionuevo no juzga a sus personajes pero tampoco es complaciente con ellos y a la postre resulta difícil implicarse en el drama. Sin duda, territorios comunes de Nuevos Directores.

Julia y el zorro, de Inés María Barrionuevo

Nadie quería perderse Cold War, de la que se habían oído hablar maravillas a su paso por Cannes, premio al mejor director incluido. Tenían razón. Reiterando las ideas formales y narrativas de Ida, Pawel Pawlikowski nos cuenta la historia de un amor y una canción a través de los años. El director hace un uso magistral de las elipsis, mostrándonos en pinceladas de blanco y negro cómo el amor fou de la pareja protagonista va parejo a la melodía del film. Como esa música tradicional convertida en propaganda política, la tragedia del romance que protagonizan los esplendidos Joanna Kulig y Tomasz Kot es un canto en constante mutación, distorsionado y condicionado por las circunstancias pero también preso de su propia locura pasional. El director obra un milagro al conseguir que lo que nos cuenta sea tan punzante como subterráneo, apuñalando donde duele con un film desgarrador, intenso y profundamente bello. Toda una lección de cine. Perla mayúscula.

Cold War, de Pawel Pawlikowski

De un tiempo a esta parte, nos estamos acostumbrando a ver películas fantásticas en la Sección Oficial. No está claro si In Fabric, de Peter Strickland, podría meterse sin tapujos en la categoría del terror, pero lo cierto es que este film sobre un vestido maldito que persigue a sus propietarios (!) es una coctelera en la que caben tanto la saturación de colores y sintetizadores del giallo y la serie B de los setenta como el cine de autor más experimental. No pillarán de sorpresa los referentes visuales y sonoros del director a los que vieron Berberiand Sound Studio en su momento. El resultado es un díptico hipnótico, mutante, malsano, fetichista y sensorial que puede leerse en clave de cuento malvado, comedia negra, metáfora del consumismo o grotesco ejercicio de estilo. Todo eso e incluso más. Habría que felicitar al comité de selección por incluir una propuesta tan original y despendolada como esta a concurso. Por mucho que algunos digan que se vaya a Sitges.

In Fabric, de Peter Strickland

Pocas pegas se le pueden poner al Premio Donostia otorgado a Judi Dench. La película que nos trae para la ocasión es otro cantar. Red Joan se vende como la sorprendente historia real de una ciudadana británica detenida en su senectud por haber realizado labores de espionaje para la Unión Soviética. El espectador avezado pronto se da cuenta de que no se trata tanto de una película de espías como de una cinta romántica, con una mujer atrapada entre intereses amorosos cuyas motivaciones no terminan de ser creíbles. El protagonismo de Dench, casi una excusa para la narración en dos tiempos, no lo es tanto como el de Sophie Cookson, su álter ego de juventud. Por lo demás, un film pulcro, convencional y anodino. Uno tiene la impresión de que a los guionistas la historia de Melita Norwood no les interesaba tanto como el melodrama. Dicho de otro modo, algo no funciona cuando los hechos reales parecen más interesantes que su ficción. Para ver y olvidar.

Red Joan, de Trevor Nunn

FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2018

DIA 5. 25 DE SEPTIEMBRE

Comenzamos el día en Perlas con Pájaros de verano, dirigida por el colombiano Ciro Guerra al alimón con su compatriota Cristina Gallego. Tenemos muy presente en la memoria El abrazo de la serpiente, una película que aunaba aventuras, drama, misticismo y etnología en un inconmensurable uróboros de espejos temporales. Aunque en Pájaros de verano haya un aparente cambio de registro, este trabajo también entrelaza diferentes géneros alrededor de sociedades invadidas por la modernidad, en este caso, la historia real de los aborígenes de La Guajira reconvertidos en narcotraficantes. Sobre el papel, parecería un suicidio mezclar tradiciones indígenas con Narcos y El padrino… ¡pero vaya si funciona! Capa tras capa, Guerra y Gallego dan forma a una tragedia clásica que crece en violencia y se las ingenia para ser cruda sin renunciar a la belleza poética de sus imágenes, cantos proféticos que aparecen y se evaporan como esas aves estivales. Estupenda.

Pájaros de verano, de Ciro Guerra y Cristina Gallego

No teníamos demasiadas referencias del austriaco Markus Schleinzer, conocido principalmente por haber trabajado con gente como Michael Haneke o Ulrich Seidl. Angelo aparecía en Sección Oficial como la biografía de un esclavo negro que se introdujo en las capas de la alta sociedad vienesa del Siglo XVIII. La primera escena del film, esos “inmigrantes” desembarcando con sus “pateras” en una playa indeterminada, ya nos indica que Schleinzer mira al pasado para hablarnos del racismo y la hipocresía de la integración más actuales, rompiendo incluso la línea del tiempo en algunas escenas. Para acentuar su frialdad formal, academicista, rigurosa y casi documental, el director recurre además a los 35 mm y el formato del 1,37:1. Su película es como una extraña pieza de museo vista desde la distancia, más estética y política que histórica. No es fácil entrar en ella pero, como poco, hace reflexionar. Por su visión autoral, uno de esos trabajos que huelen a palmarés.

Angelo, de Markus Schleinzer

Los que vimos -y disfrutamos- Diamond Flash y Magical Girl esperábamos como agua de mayo lo nuevo de Carlos Vermut, una vez más a competición en Donostia. Y no nos ha decepcionado. Quién te cantará viene a confirmar el genio de este cineasta de pluma afilada y sorprendente originalidad. Lila Cassen es una cantante de éxito exiliada en un olvido voluntario. Violeta, una fan de vida gris. Los caminos de estas dos mujeres (fantásticas Najwa Nimri y Eva Llorach) se unen y confunden en una película construida como un juego de espejos rotos de precisión milimétrica. Triunfo y fracaso, voz y rostro, madre e hija, principio y final. Todo se diluye en una historia en la que el espectador espera que la atmósfera malsana y retorcida desborde la pantalla pero que el guión contiene y acrecienta con mano firme. Como era de esperar, las referencias van desde Almodóvar y Hitchcock al Perfect Blue de Satoshi Kon, pero la personalidad de Vermut es única. Un verdadero pelotazo.

Quién te cantará, de Carlos Vermut

El niño y la bestia, Your Name, Fireworks… La presencia del anime en el Zinemaldi empieza a convertirse en algo habitual. Quien suscribe estas lineas no es objetivo con Mamoru Hosoda, un director convertido ya en pope del género que viene alternando películas destinadas al público juvenil con otras un puntito más adultas. Podríamos ubicar Mirai en un terreno intermedio. En la historia de ese niño llorón que recibe la visita de su hermana del futuro y otros seres fantásticos hay imaginación y un humor encantador. Pero también un trasfondo propio de la idiosincrasia japonesa: el costumbrismo familiar de la vida que fluye como un río. Es el sello de autor de este cineasta alejado de los cánones de la industria japonesa, al que acompaña una animación colorista, siempre deslumbrante y atenta al detalle. Por encima de la fantasía, Hosoda ha dibujado un pequeño cuento sobre la paternidad y el paso del tiempo. Sin duda, su película más personal. Una preciosidad.

Mirai, de Mamoru Hosoda

FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2018

DIA 6. 26 DE SEPTIEMBRE

Ayer terminamos el día en Japón y no salimos de ahí, señal de un Zinemaldi en el que destaca especialmente la presencia del cine asiático. Naomi Kawase es, con mucho, uno de los grandes nombres actuales del país nipón, este año en Sección Oficial con Vision. A través de la historia de una extranjera Juliette Binoche que busca en los bosques de aquel país una planta de propiedades milagrosas, Kawase elabora un film en clave de fábula fantástica que habla de la soledad, el amor y el paso del tiempo como ciclo natural de la vida. Son temas que ya había tratado con mejor fortuna en Still the Water o El bosque del luto, porque aunque a su película hay que reconocerle un tratamiento sensorial fascinante, con tanto paisaje y tanta metafísica la directora se pasa de intensita. Y uno termina, sin saber muy bien cómo ni por qué, abrazando a un árbol. Intrigante, frustrante y, finalmente, aburrida. Es una pena. A ver quién se atreve con un segundo visionado. #noseentiende

Vision, de Naomi Kawase

Habíamos encajado BlacKkKlansman estratégicamente en nuestra agenda con la intención de ver algo ligero y no andábamos demasiado desencaminados. A finales de los setenta, el agente afroamericano Ron Stallworth tuvo la osadía de infiltrase en el Ku Kux Klan y recogió aquella proeza en un libro, que ahora lleva a la pantalla Spike Lee. En una primera capa, su película es un blaxploitation en clave de comedia, música de la Motown, Black Power y peinados afro como telón de fondo para las peripecias policiales de John David Washington y Adam Driver. Pero, más allá de ese trazo grueso, BlacKkKlansman es también una historia proyectada al presente. Las imágenes que cierran el film muestran con contundencia sus verdaderas intenciones: dejarnos claro que el supremacismo blanco sigue vivo en la America de Trump. Cosa distinta es que esta fuese la mejor manera de decirlo. A juzgar por el sorprendente Gran Premio del Jurado en Cannes, pareciera que sí.

BlacKkKlansman, de Spike Lee

Los que adoramos Jin-Roh, obra maestra animada del japonés Hiroyuki Okiura, recibíamos con cierto escepticismo a Illang: The Wolf Brigade, su live action coreano. Sobre todo teniendo en cuenta el mal resultado que suelen dar este tipo de adaptaciones. Resulta complicado disociar aquella película distópica de este film que, más allá de cambiarnos de época y país, desnaturaliza toda su poesía oscura y triste. Y eso que algunos elementos siguen remitiendo al original, como la inclusión de piezas musicales de Hajime Mizoguchi. Que la firme Kim Jee-woon, artífice de Encontré al diablo, no hace más que ahondar en la sensación de material desaprovechado. Superado esto, la película se deja ver, con alguna escena de acción francamente espectacular y un argumento lastrado en su tramo final por su duración y verborrea explicativa, mal endémico de muchas producciones asiáticas. Las comparativas son odiosas pero, en algunos casos, también inevitables.

Illang: The Wolf Brigade, de Kim Jee-woon

Otra de las piezas fuertes de la Sección Oficial es High Life, con la francesa Claire Denis dando un sorprendente giro hacia el terreno de la ciencia ficción y desarrollando dentro de una prisión espacial una historia que dialoga con el deseo, la culpa, la redención y el amor. Esta es una de esas películas que pueden generar un rechazo frontal del espectador, tanto por sus atmósferas opresivas y febriles como por su violencia física y sexual suspendida en el tiempo. También por su puesta en escena, sobria, low cost e incluso feísta. En este terreno fecundo para la introspección se mueven los actores, destacando Juliette Binoche y un excepcional Robert Pattinson, hilo conductor de esa nave camino de un abismo que pudiera ser de esperanza. Sin duda, una obra más cercana a 2001 y Solaris que a Interstellar. Aunque está claro que Claire Denis no se quiere parecer a nadie con esta propuesta de riesgo destinada a la polémica. Para algunos, resultará de lo más estimulante.

High Life, de Claire Denis

Teníamos ganas de acercarnos a la retrospectiva dedicada a la directora y guionista británica Muriel Box, entre otros logros, la primera mujer que obtuvo un Óscar al mejor guión original. Una vez más, pensamos que estaría bien que estos ciclos clásicos pudieran rescatarse una vez terminado el Festival, aún sabiendo que la ciudad está colapsada de eventos cinematográficos. Daybreak (1948) resulta ser un drama con alma de noir portuario en torno al turbio triangulo amoroso formado por Ann Todd, Eric Portman y Maxwell Reed. Y lo cierto es que el buen hacer del director Compton Bennett y la guionista consigue disimular en gran medida su origen teatral. Nos preguntábamos a la salida del Príncipe si el final de la película no resultaba excesivamente abrupto para descubrir que, efectivamente, en el momento de su estreno la censura hizo de las suyas y se recortaron varios minutos de metraje, resultando en lagunas argumentales que le pasaron factura. Gracias, Wikipedia.

FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2018

DIA 7. 27 DE SEPTIEMBRE

Empezamos este intenso día en Nuevos Directores con The Third Wife. La directora Ashleigh Mayfair nos lleva en esta película al Vietnam del Siglo XIX para contarnos la historia de un matrimonio concertado entre un terrateniente y una niña de catorce años. Es un film profundamente femenino ambientado en un mundo rural cerrado y congelado en el tiempo, como si solo pudiera accederse al mismo por el río sin retorno que transporta a la futura esposa. Este universo en miniatura está reprsentado con una belleza visual apabullante, atmosférica, sensual y casi pictórica. En la mirada de Mayfair, la sororidad nunca claudica. Las tres protagonistas simbolizan en cierto modo las diferentes edades de una única mujer que busca su identidad en un mundo de hombres. Es el triste destino de esa muchacha que se corta los cabellos deseando ser libre, un gusano de seda que evolucionará en mariposa hermosa y maldita. Maravillosa ópera prima. Intima, hermosa y delicada.

The Third Wife, de Ashleigh Mayfair

A Isaki Lacuesta se le conoce -y quiere- bien en el Zinemaldi. Una vez se supo de su presencia en Sección Oficial era casi obligatorio revisionar La leyenda del tiempo, aquella preciosa fábula vital sobre un niño gitano y una mujer japonesa reunidos tras la figura de Camarón de la Isla, de la que Entre dos aguas es continuación directa. Los años han pasado de forma desigual para Isra y Cheíto y Lacuesta retrata ese paso del tiempo en una película que respira verdad y humanismo en cada plano, con su formato de ficción documental estirado hasta el hiperrealismo. La cámara parece desaparecer grabando a esos hermanos que caminan por una vida difícil pero también luminosa. Todo es metáfora, lúcida y clara. Entre dos aguas, dos vidas y un mar cambiante que esconde barro y tesoros, herida y sueños. Ya lo decía Truffaut: Las películas avanzan como trenes en la noche. Pocas veces con semejante sutileza. Esta consigue algo tan difícil y hermoso como capturar la vida.

Entre dos aguas, de Isaki Lacuesta

Con el cine de determinadas nacionalidades, a veces se hace necesario conocer el contexto de las películas. Liu Jie ha querido denunciar en Baby el drama de los niños chinos con discapacidad, repudiados por sus padres y abandonados a su suerte por la burocracia estatal. La frustración de la protagonista de este largometraje, también víctima del sistema, la plasma el director a través de un desarrollo conscientemente redundante que rehuye del melodrama, consecuencia de una sociedad tradicional descuartizada por la política del hijo único y el nuevo y voraz capitalismo. Cine comprometido con la denuncia social que nos habla también de la otra cara de la moneda, la destrucción de los lazos familiares. Lo mejor, la obstinada e intensa interpretación de la popular actriz y cantante Yang Mi, desde ya, firme candidata a la Concha de Plata. ¿Se repetirá el palmarés asiático de hace dos ediciones con I am not Madame Bovary y Fan Bingbing? Yo no lo descartaría.

Baby, de Liu Jie

Nos montamos una sesión doble de Muriel Box con otras dos películas de 1948. Y es que ese año se rodaron nada menos que seis de sus guiones. The Blind Goddess, de Harold French, es una curiosa mezcla de drama judicial y film de intriga en torno a un asesinato cometido para encubrir el desfalco de fondos de una organización benéfica. Efectivamente, suena a presente. El guión flojea bastante en su intento de adaptar la obra de teatro original, enrevesando cosas que el espectador ya adelanta de inicio, pero las interpretaciones de Eric Portman, Anne Crawford y Hugh Williams son de lo más convincentes. Además, podemos ver el debut como actriz de una jovencísima Claire Bloom. El encanto del cine clásico hace que perdonemos a estas producciones muchos defectos pero siendo éste un ciclo dedicado a una guionista (y directora) lo suyo es meter un poquito el dedo en la llaga. Mucha vuelta de tuerca para que, como de costumbre, el culpable sea el mayordomo.

Y continuamos la retrospectiva con Portrait From Life, dirigida por un en aquél entonces desconocido Terence Fisher, años antes de engendrar las películas que encumbraron a la Hammer al Olimpo del terror. Junto con su marido Sydney, Frank Harvey y David Evans, Muriel despliega aquí gran parte de su potencial como narradora de historias partiendo del retrato de una misteriosa jóven. No es de extrañar que el largometraje se mueva libremente por esa posguerra coetánea al rodaje. La pareja había fundado una década atrás una productora especializada en cortomertrajes de propaganda bélica. Entre los rostros protagonistas, Mai Zetterling, Guy Rolfe, Robert Beatty y Herbet Lom, cuyas filmografías deparan no pocas sorpresas en IMDb. Visto desde la distancia, el film bien podría ser un melodrama para Señoras del Príncipe de la época, pero lo cierto es que se sigue con interés. Y además salen nazis, que siempre aportan. ¿Quién dijo algo de placer culpable?

Nos reunimos en el Príncipe para el estreno del segundo largometraje del director David Rodríguez Losada tras La noche del ratón, una película que jugaba al despiste con los mecanismos del thriller. Mucho de claustrofóbico tiene también Lady Off, convirtiendo el ensayo de una obra de Shakespeare en una película mínima de atmósfera y cámara pegadas a la piel. Lo hace a través de planos medidos al detalle que se sienten inteligentemente improvisados, muy cercanos al documental. La disección de su protagonista a través de la repetición se va cerrando y haciendo más incómoda y asfixiante a medida que entra en la psique de la actriz Ana Fuenar, la Ana de la realidad y la Lady Ana de Ricardo III, intérprete y personajes fusionados en una ficción indistinguible de la realidad. El resultado es una propuesta insólita que invita también a la reflexión sobre los roles de la mujer en la ficción. Un interesantísimo trabajo de autor, de formato pequeño y grandes resultados.

Lady Off, de David R. Losada

Terminamos el día con una de las proyecciones más esperadas del Festival: The Sisters Brothers. La filmografía de Jacques Audiard, catapultada gracias a títulos como De latir, mi corazón se ha parado o Un profeta, parecía desviarse ahora hacia el cine del Oeste, género que jamás ha sido ajeno al existencialismo. Este enfoque está muy presente en la relación de los dos hermanos protagonistas, soberbios Joaquin Phoenix y John C. Reilly dando vida a un vínculo íntimo entre forajidos opuestos que se entienden en sus debilidades. Son derivas simétricas que cabalgan desde la humanidad a lo salvaje, de la inmensidad del paisaje al hogar o de la aventura a la realidad más cruenta, envueltas siempre por la lírica musical de Alexandre Desplat. Audiard firma con esta película un trabajo inaudito por su mixtura de tonos, un western que es, al mismo tiempo, clásico y moderno, cómico y dramático, tierno y violento. Se mire como se mire, una joya en los lindes de cualquier género.

The Sisters Brothers, de Jacques Audiard

FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2018

DIA 8. 28 DE SEPTIEMBRE

Este año nos quitamos de encima la maldición de que la Concha de Oro la gane la única película a concurso que no hemos visto. Esta es es Blind Spot, debut en la dirección de la actriz sueca Tuva Novotny, un trabajo que utiliza el plano secuencia para mostrarnos cómo se derrumba una vida en tiempo real. A la salida, la polémica estaba servida. Para algunos, debe haber un equilibrio entre forma y fondo, pero más que contar una historia la directora parece interesada en indagar en la naturaleza de ese tiempo que avanza tan inexorable como la cruda realidad. Dicho de otro modo, su plano secuencia no es tanto un alarde técnico como el sustento de ese fondo: La vida no tiene un botón de pausa y tampoco podemos ver lo que ocurre en sus puntos ciegos. En cualquier caso, el film contagia la angustia, desconcierto e impotencia de su protagonista, una Pia Tjelta también candidata a la Concha de Plata de una edición en la que han brillado las interpretaciones femeninas.

Blind Spot, de Tuva Novotny

Aunque nadie quería perdérsela, no son pocos los que se preguntaban qué venía a aportar el remake de A Star Is Born de Bradley Cooper, una historia contada ya hasta en tres ocasiones, siendo quizá la mejor de todas la que rodara George Cukor con Judy Garland allá por el 54. Lo cierto es que la actualización de este drama de estrellas estrelladas tiene un arranque inmejorable. El romance entre el director -transmutado en un emulo de Eddie Vedder- y una esplendida Lady Gaga está abordado con naturalidad y nos deja un par de escenas memorables. Por eso no se entiende que su historia se vaya desinflando a la misma velocidad que la química de la pareja protagonista. Con todo el pescado vendido, en su segunda mitad la propuesta parece concebida para el lucimiento personal de uno y otra, mucho más artificio que arte. Frente a tanta crítica destructiva, hay que decir que no se trata en absoluto de una mala película, pero le falta el poso de verdad necesario para hacerla grande.

A Star Is Born, de Bradley Cooper

Alfonso Cuarón es un director que no se prodiga demasiado pero deja Perlas allá por donde pasa. Era un auténtico lujo poder ver Roma en pantalla grande, ajena a las polémicas de Netflix y Cannes. El film del mejicano narra la historia de una familia en el DF de los setenta. Y el resto es introspección y sentimiento. Hay mucho de biográfico en su afán de recreación, íntima, milimétrica y preciosista, una fotografía panorámica en blanco y negro rescatada de la infancia y reconstruida en 65 mm con una maestría técnica constante, planos secuencia y fueras de campo que nos remiten al mejor neorrealismo. Pero más allá de su honesta poesía visual, Roma es también el retrato de una época y un sentido homenaje a los personajes silenciosos que la habitaron, esa Cleo que encarna la actriz no profesional Yalitza Aparicio. Una y otra son indisolubles en la memoria del director. Esta es mucho más que la película del año. Se acerca a lo que debería ser la obra maestra de un autor.

Roma, de Alfonso Cuarón

Cuando Fermín Muguruza descubrió el incidente de la comparsa de gigantes de Pamplona invitada a desfilar en 1965 por la Quinta Avenida de Nueva York sin sus integrantes de color, supo que ahí había una historia. La contó primero en forma de novela gráfica, con la ayuda del escritor Harkaitz Cano y el ilustrador Dr. Alderete, y ahora ha llevado su Black is Beltza al terreno de la animación. Es una adaptación que se mantiene fiel al cómic en todas sus capas, una road movie de espías reconvertida en vertiginoso paseo musical, cultural e ideológico por los convulsos años sesenta, desde la guitarra psicodélica de Hendrix y la voz de Otis Redding a las figuras de Malcom X o el Che Guevara. La película solventa sus carencias técnicas con buen hacer artístico y aportando dobladores de lujo, por mucho que algunas voces no terminen de funcionar. Un film militante que mira a un pasado de multiculturalidad y resistencia de plena vigencia en los tiempos que corren.

Black is Beltza, de Fermín Muguruza

Para cerrar esta penúltima jornada tenemos a Jia Zhangke con Ash Is Purest White, que llega directa de Cannes a San Sebastián como ya lo hicieran en su día A Touch Of Sin y Más allá de las montañas. Puede ser precisamente el haber visto esa filmografía previa lo que hace que esta película pierda puntos, porque el director chino reutiliza en ella muchas cosas de sus anteriores trabajos sin disimulo alguno. En la historia dividida en tres tiempos de su protagonista -como de costumbre, una esplendida Zhao Tao- se reflejan los mismos personajes, paisajes y situaciones; las mafias, los ecos del pasado, la violencia como vía de escape y los cuestionables valores de un país devorado por su implacable maquinaria económica. Y si antes escuchábamos con ironía el Go West de Pet Shop Boys, ahora suena un YMCA de los Village People. Su sello sigue ahí pero, paradójicamente, más Jia Zhangke resulta en un Jia Zhangke menor. Una buena película que también es la misma película.

Ash Is Purest White, de Jia Zhangke

FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2018

DIA 9. 29 DE SEPTIEMBRE

Llegamos a la feria de restos en la que suele convertirse el último día del Festival. Siempre nos quejamos de que la clausura de la Sección Oficial acostumbra a ser bastante floja, pero no es el caso de Malos tiempos en El Royale. Drew Goddard se ha marcado un delicioso guilty pleasure setentero. Podría decirse que su largometraje es al thriller lo que La cabaña en el bosque era al terror, presentando una galería de personajes entre los que tenemos que descubrir al asesino. Sobre el tablero, un motel, un misterio y una serie de inquilinos cuyas motivaciones desconocemos. El conjunto es un puzzle, una comedia negra a lo Tarantino, un juguete estético y una tesis de géneros y referentes que se gusta a sí misma, se explaya y se recrea durante 140 minutos que pasan volando. Las pegas que se le puedan poner no estarán tanto en la película como en la cabeza de aquellos que no admitan el desparpajo de su divertimento. Conocemos sus trucos… ¡pero aún así funcionan!

Malos tiempos en El Royale, de Drew Goddard

Este año no hemos podido tocar nada de Horizontes Latinos, una sección siempre interesante. Cumplimos a última hora con Cómprame un revolver, del mejicano Julio Hernández Cordón. Acertamos a dar con una película que retrata la violencia de su país a través de un realismo mágico disfrazado de futuro post-apocalíptico, un mundo en el que las mujeres están desapareciendo, gobiernan las pistolas del narco y cualquier niño puede convertirse en un monstruo. Hernández Cordón disfraza esta visión con la extraña poesía de un sueño, casi humorística en su versión oscura de Huckleberry Finn y los niños perdidos de Peter Pan. Son precisamente estos quienes podrían recuperar ese campo de juego que les ha sido arrebatado. Si hay alguna esperanza, tendremos que buscarla en esa joven protagonista que, a pesar de todo el mal que alberga el mundo de los adultos, todavía resiste. Un enfoque diferente para un tema abordado mil veces por el cine latinoamericano.

Cómprame un revolver, de Julio Hernández Cordón

Podríamos preguntarnos por qué resulta imposible encajar más de tres películas el último dia. Tal vez sea una decisión que los responsables del Festival adoptan para preservar nuestra salud mental después de tanto cine. Como no tenemos demasiadas opciones, regresamos a la retrospectiva de Muriel Box con 29 Acacia Avenue, dirigida en 1945 por Henry Cass sobre otro guión adaptado de una obra de teatro. Se trata de una comedia picarona que ya en su día tiraba dardos contra la clase media del jardincito, satirizada en su bonanza tras las durezas de la guerra. Algunos de sus gags recuerdan a un episodio de Aquí no hay quien viva, evidenciando que en el sentido del humor hay cosas que no han cambiado con los años, especialmente cuando todo queda en familia. Corre por nuestra cuenta profundizar más en el cine de la británica, teniendo ya anotadas The Seventh Veil, de aquél mismo año, y otras tantas películas que seguramente coincidan con su etapa más brillante.

29 Acacia Avenue, de Henry Cass

VALORACIÓN Y CIERRE

Llegó la hora de hacer balance. Suponemos que pronto empezarán a surgir esas voces que siempre tildan a la Sección Oficial de decepción. Nos adelantamos opinando que ésta ha sido una de las más variadas, arriesgadas, sorprendentes e interesantes de los últimos años. Del total de películas, pocas suspenden en nuestras votaciones, frente a muchas que se situarán seguramente entre lo mejor que veamos a lo largo de este año. Ninguna queja puede ponérsele a un Festival modélico en lo que se refiere a organización, puntualidad y medios, realidad que hemos vivido desde hace tiempo como público y acreditados. Gracias por tanto, Zinemaldi.

Nuestro Palmarés

Concha de Oro a la mejor película: In Fabric

Premio Especial del Jurado: Entre dos aguas

Concha de Plata a la mejor dirección: El Reino

Concha de Plata a la mejor actriz: Pia Tjelta

Concha de Plata al mejor actor: Antonio de la Torre

Premio del Jurado a la mejor fotografía: Rojo

Premio del Jurado al mejor guión: Quién te cantará

Premio ¡¿Por qué Rebor?! ¡¿Por qué?!: Vision

Premios Flipesci

Flipesci Zinemaldia: Quién te cantará

Flipesci Perlas: Roma

Flipesci NNDD: The Third Wife

Top Sección Oficial

1.- In Fabric

2.- Quién te cantará

3.- Entre dos aguas

4.- El reino

5.- Rojo

Top Perlas

1.- Roma

2.- Cold War

3.- Shoplifters

4.- The Sisters Brothers

5.- Mirai

6.- Pájaros de verano

7.- First Man

Textos: @Fer_Iradier

Fotografías: @javivoland

Galería de fotos: https://www.flickr.com/photos/javivoland/albums/72157673958556408

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