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Crónicas Zinemaldia 2019

POSTED ON 20/09/2019 BY ARTEUPARTE MAG

Crónicas Zinemaldia 2019

Steven Soderbergh, Costa-Gavras, Joon-ho Bong, James Franco, Bertrand Bonello, Hirokazu Koreeda, Robert Eggers, Makoto Shinkai, Ken Loach, Ciro Guerra, Takashi Miike… Son algunos de los grandes nombres que nos esperan en esta edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Aunque, como siempre, habrá que estar atentos a esos apellidos menos conocidos que también pasarán por las pantallas del Zinemaldi durante estos días. Este año nos caben unas cincuenta películas en la agenda, centrada en la Sección Oficial, Nuevos Directores, Perlas y alguna que otra escapada a Zabaltegi. De un modo u otro, esperamos que estas crónicas os sirvan para acercaros a las butacas del cine.

FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2019

DIA 1. 20 DE SEPTIEMBRE

El pistoletazo de salida de esta edición nos pilla en Perlas. La premisa de Seberg era apasionante, una película sobre el acoso del FBI al que se vio sometida la icónica actriz de la Nouvelle Vague por su vinculación con los movimientos de los derechos civiles. Es una lástima que Benedict Andrews convierta aquellos hechos reales en una historia descafeinada disfrazada de película de espías. El film funciona mucho mejor como retrato de esa Jean libertaria e impotente que como culebrón de ficción histórica. Se ve bastante claro con la introducción del personaje de Jack O’Connell, concebido como un pegote para cohesionar la trama. A estas alturas no nos sorprende el talento de la actriz Kristen Stewart, que transita aquí del hieratismo melancólico a la paranoia, ardiendo en la misma hoguera que la Juana de Arco de Preminger. El resultado es un trabajo que, más que interesar, invita a leer sobre la realidad de lo que cuenta. Es bastante más de lo que puede decirse de muchos biopics.


Seberg, de Benedict Andrews

Inauguramos la Sección Oficial con Blackbird, remake de la danesa Stille hjerte, que pasó por San Sebastián hace unos años y por la que la actriz Paprika Steem ganó nada menos que una Concha de Plata. Nuevamente, el largometraje del director Roger Michell retrata un encuentro familiar convertido en despedida de una mujer en fase terminal. Es un drama suavizado con toques de humor que cuenta cómo la vida crece aun en sus últimos momentos e incluso puede seguir siendo celebrada ante las miserias personales. Bien pudiera ser una obra de teatro y, como buen conocedor del medio, Michell deja espacio para que el reparto compuesto por Susan Sarandon, Kate Winslet, Mia Wasikowska, Sam Neill, Lindsay Duncan y unos menos conocidos Rainn Wilson, Bex Taylor-Klaus y Anson Boon, se luzca en cada escena. Aunque la hayamos visto antes y sea de todo menos sutil, semejantes actores levantan por si solos cualquier película. Por mucho que conozcamos sus artificios, emociona.


Blackbird, de Roger Michell

Les misérables llevaba sonando fuerte desde Cannes y no ha decepcionado. Si la primera capa de esta película puede venderse como un thriller por el polvorín de la banlieue parisina al estilo de Training Day, más allá de su epidermis el francés Ladj Ly viene a escarbar en el problema de esa integración que sigue siendo objeto de debate nacional en el país vecino. Especialmente a raíz de los disturbios del 2005 que revelaron la fractura social de una masa enfurecida frente a los excesos de la autoridad, ecos de otra Revolución Francesa que resuenan constantemente a lo largo de este film. La odisea del policía novato protagonista y sus compañeros de patrulla por esos escenarios de guerrilla, entre lo inquietantemente surrealista y el retrato social, va creciendo en tensión hasta explotar, con una cámara nerviosa a la carrera que apenas da tregua al espectador. Y aunque su discurso político sobre la marginalidad pueda pecar de vaporoso, la potencia bruta de sus imágenes es arrolladora.


Les misérables, de Ladj Ly

Costa-Gavras, uno de los Premios Donostia de esta edición, llegaba a la ciudad con Adults in the Room, una película que entremezcla comedia y recreación para desgranar el pulso que el gobierno de Alexis Tsipras mantuvo con la soberbia de los poderes económicos durante la crisis griega, recogido en un libro del mismísimo Yanis Varoufakis. Más allá de mostrarnos esa realidad entre bambalinas en la que se ha convertido la Unión Europea, Costa-Gavras convierte la historia de Syriza en una sucesión de reuniones, estrategias y callejones sin salida cuya mayor virtud son las caricaturas de su casting. La denuncia política está ahí, una guardería de niños compitiendo con sus egos para desgracia del ciudadano de a pie, pero se echa en falta algo más de ironía. Como esas discusiones sin solución de continuidad, la película no lleva a ningún sitio para terminar haciéndose larga. No debería sorprender a los interesados en los vericuetos de un capitalismo que ha terminado por fagocitar cualquier valor democrático.


Adults in the Room, de Costa-Gavras

La cola que había a las puertas del Teatro Principal para el pase de Mientras dure la guerra era larga, aunque algunos parecían haberse dado cita en el lugar para el despiece de un Alejandro Amenábar que -para qué engañarnos- lleva años sin levantar cabeza. Los destroyers tienen dónde elegir, porque en esta reconstrucción de los últimos días de Miguel de Unamuno, descenso en paralelo con el triunfo de la dictadura de Franco, hay mucha brocha gorda, cartón piedra, estética de telefilm y hasta un punto de comedia involuntaria, losas que entierran en gran medida el buen hacer de Karra Elejalde, Eduard Fernández y Santiago Prego. Hay que ver esta película con ojos amables para apreciar las virtudes de un trabajo que apela más a la concordia que a impartir lecciones de memoria histórica o lanzar mensajes políticos. Como tal, el film de Amenábar parece destinado a morir en tierra de nadie. Por qué no, al espectador español tal vez le pueda la sombra de mirar con recelo sus propias vergüenzas.


Mientras dure la guerra, de Alejandro Amenábar

Los primeros compases de The Lighthouse, segundo y esperadísimo trabajo de Robert Eggers tras La bruja, son toda una declaración de intenciones: el atronador sonido de la sirena de un barco bramando sobre un paisaje marino en blanco y negro. Y un faro solitario resistiendo frente a la tempestad. No es fácil explicar las sensaciones que produce esta historia sobre un viejo farero y su ayudante -unos Willem Dafoe y Robert Pattinson absolutamente desatados- que se va convirtiendo poco a poco en un delirio sin freno en formato de cine mudo, camino de algo que nunca llega a definirse. The Lighthouse se erige en una espiral de locura que bien podría ser el relato de un Lovecraft hipervitaminado y metafórico, como ese Prometeo devorado por los pájaros por tratar de robar el fuego de los dioses, el horror inherente a la luz del conocimiento, de aquello que es mejor no ver. Sensorial, estética, tentacular y excesiva. Como una inmensa ola contra el acantilado, el brillo que deja en las retinas del espectador es cegador.


The Lighthouse, de Robert Eggers

FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2019

DIA 2. 21 DE SEPTIEMBRE

Todavía con la resaca de The Lighthouse en la cabeza, arrancamos la segunda jornada del Festival con Proxima, sobre el entrenamiento de una mujer (y madre) astronauta en ciernes de su primera misión. A lo largo de este estupendo drama destaca sobremanera la mirada femenina y feminista de la directora Alice Winocour, delicada, íntima y precisa a la hora de explorar los espacios interiores de una mujer dividida entre sus devociones familiares y profesionales, que la estupenda Eva Green debe conciliar con una mayor exigencia que la de sus compañeros masculinos. A destacar también la música de Ryuichi Sakamoto, acentuando esa sensación de relato suspendido en el tiempo. Una notable película a concurso y probablemente un adelanto de que, un año más, la Sección Oficial va a estar plagada de grandes interpretaciones femeninas. Quienes esperen una aventura espacial, se equivocan de película. Como si de una réplica al Interstellar de Nolan se tratase, aquí la épica va por dentro.


Proxima, de Alice Winocour

Quien suscribe estas líneas sigue pensando que la poca atención que se le prestó hace un par de ediciones a Your Name, obra cumbre del cineasta Makoto Shinkai, no hizo justicia a los logros de aquella joya animada. La gran pega que se le puede poner a Weathering With You es precisamente la odiosa comparación con su predecesora, por mucho que ambas compartan muchas cosas en común: la animación detallista y deslumbrante de los paisajes urbanos, los momentos musicales de Radwimps, sus personajes atrapados entre la nostalgia del coming of age y el romanticismo del primer amor o el elemento fantástico -una adolescente capaz de detener la lluvia- como hilo conductor. Es también una película hipnótica que congela en la mirada cada gota de agua, nube o rayo de sol. En contra, un guión algo difuso, aunque también inesperado. Ciertamente, puede que Tenki no Ko sea imperfecta pero Shinkai vuelve a detener el tiempo en otro anime mágico, poético y precioso. Se dice pronto.


Weathering With You, de Makoto Shinkai

Cuando autores consagrados se lanzan a rodar en el extranjero, tendemos a desconfiar, como si aquello respondiese a caprichos de turista o ansias de reconocimiento internacional. No es el caso de Hirokazu Koreeda, que con La vérité se ha desplazado hasta Francia para contarnos el reencuentro de una estrella de cine en el ocaso de su carrera con su distanciada hija. Lo primero que hay que decir es que, aunque la denominación de origen del japonés se diluya irremediablemente, el director mantiene intacta toda la delicadeza de su mirada, su sentido del humor y la magnífica dirección de actores a la que nos tiene acostumbrados. No podía ser menos con Catherine Deneuve y Juliette Binoche, que parece abonada al Zinemaldi. Resulta sorprendente -o tal vez no- que el experimento resulte en un retrato de la vida privada muy propio de la cinematografía francesa. Aunque cambie de idioma o escenarios, Koreeda sigue siendo un maestro a la hora de escarbar en las relaciones familiares y su memoria.


La vérité, de Hirokazu Koreeda

La siguiente en nuestra lista es Noura’s Dream, que presenta la tunecina Hinde Boujemaa en Nuevos Directores. Mientras su marido está en prisión, Noura comienza una relación clandestina con otro hombre, un proyecto de futuro convertido en pesadilla cuando su pareja legal es puesta en libertad. En medio de este drama, la directora va insertando dosis de tensión con visos de tragedia para denunciar la situación de todas esas mujeres privadas de derechos por la institución del matrimonio, con el visto bueno de las autoridades y una sociedad que condena el adulterio como pecado. Por momentos, el film remite al clima de angustia terrorífica de una película mucho más cercana en el espacio como Custodia compartida. Y es que, aunque aquí haya un peso cultural específico, algunos callejones sin salida son universales. Ciertamente, este drama árabe viene a recordarnos que en algunas -demasiadas- sociedades la libertad de las mujeres se cobra su precio tanto en lo público como en privado.


Noura’s Dream, de Hinde Boujemaa

La trayectoria de los cineastas Jon Garaño, Aitor Arregi y José Mari Goenaga, exponentes del gran momento que está viviendo el cine vasco, se ha caracterizado por explorar las luces y sombras de las relaciones humanas. Ya lo hicieron en Loreak o Handia y La trinchera infinita no es una excepción, aunque de salida podamos pensar que su tema de fondo es la Guerra Civil y sus secuelas. Esa primera escena, angustiosa y brutal, es necesaria para entender los motivos que llevan al protagonista a ocultarse en su casa durante décadas, el caso real de un «topo» que también fue contado en la animada 30 años de oscuridad. La profundidad del film no sería posible sin las interpretaciones de unos Antonio de la Torre y Belén Cuesta en estado de gracia, partícipes de una relación plagada de miedo, rencor y dudas, el drama de un amor constantemente puesto a prueba. Un soberbio trabajo que hace de nuestra memoria histórica la historia de una vida detenida en el tiempo. Sensible, íntima y dolida. Cala hondo.


La trinchera infinita, de Jon Garaño, Aitor Arregi y José Mari Goenaga

Nos desplazamos hasta Zabaltegi-Tabakalera, sección que reúne las propuestas más libérrimas e inclasificables del Festival pero que ha terminado fagocitando cosas que podrían encajar perfectamente en Perlas. A Delphine et Carole, insoumuses se lo podría definir como un documental de archivo que rescata y reivindica las colaboraciones entre la actriz Delphine Seyrig y la cineasta Carole Roussopoulos, dos mujeres que participaron activamente en la militancia feminista francesa que siguió al Mayo del 68. ¿Tiempos mejores? En esta exposición retrospectiva de su lucha por la igualdad a través de vídeos artesanales e intervenciones corrosivas, rayanas incluso en el humor, uno puede reconocer muchas batallas ganadas con los años pero también la existencia de otras conquistas pendientes. Y es que lo que cuenta esta película no es interesante únicamente por su trasfondo cultural, su lucidez o el magnetismo de sus protagonistas. Además de todo eso, sigue estando vigente.


Delphine et Carole, insoumuses, de Callisto McNulty

Terminamos el día con The Laundromat, una comedia del prolífico Steven Soderbergh en torno al escándalo de los Papeles de Panamá. En torno o, mejor dicho, en espiral, porque desde lo particular -una viuda que se las ve y desea para cobrar el seguro de vida de su marido- el director va saltando de escenario y personajes en una colección de historias a la deriva. Este laberíntico guión sin salida busca reproducir los mecanismos de los que se vale el blanqueo de capitales y los paraísos fiscales, fachadas infinitas tras las que se esconden puertas falsas y placas de personas inexistentes hasta la extenuación. Puesto en practica, el tono del film no termina de cuajar, entre la sorna, el humor de un sketch verborreico y la parodia gruesa de su desfile de actores, entre otros, Meryl Streep, Antonio Banderas o Gary Oldman. Quizá lo más significativo de todo sea que, a estas alturas de la película, su afán didáctico e incluso su denuncia resulten estériles. No es fácil arrancar sonrisas cómplices una vez consumada la estafa.


The Laundromat, de Steven Soderbergh

FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2019

DIA 3. 22 DE SEPTIEMBRE

Volvemos a la Sección Oficial con The Audition. De una película protagonizada por Nina Hoss solamente cabía esperar una interpretación portentosa y así sucede, dando vida a una profesora de violín obsesionada con un alumno prometedor. Quienes hayan visto La pianista o Whiplash serán conscientes de las sinergias enfermizas que pueden darse en el mundo de la enseñanza musical, regidas por las relaciones de poder, la cultura del éxito proyectado en otros o la búsqueda de la perfección. Aquí el resultado es el estudio psicológico de un personaje al borde del colapso, una figura familiar incómoda que contagia toda su frialdad a la cámara. La mirada de la directora -y también actriz- Ina Weisse es aséptica, aparentemente alejada de juicios de valor, pero en los resquicios del film se cuela un debate moral digno de análisis. No es el tribunal evaluador quien juzga los actos de la protagonista. Esos constantes primeros planos de miradas cara a cara los retienen los ojos del espectador.


The Audition, de Ina Weisse

Tocaba enfrentarse a So long, my son, aka “la peli china de tres horas”. Era necesario que Wang Xiaoshuai se extendiese para contarnos esta historia centrada en el devenir de un matrimonio a lo largo de varias décadas, con la herencia de la política del hijo único como telón de fondo. Gracias a un inteligente uso de los saltos temporales, el film se erige en un melodrama que cala según pasan y cristalizan los años, ahondando en las heridas de un tiempo perdido. Es una historia íntima pero también la historia de la propia China y su imposibilidad de conciliar el pasado con sus voraces cambios. La puesta en escena cede protagonismo al magnífico reparto encabezado por Mei Yong y Wang Jingchun, justamente premiados en Berlín. So long, my son se sitúa así mucho más cerca del humanismo de Zhang Yimou que de la rabia contestataria de Jia Zhangke. Por derecho propio, es un film monumental que se intuye cercano a lo que pueda ser la obra maestra de un autor. Todo encaja y no le sobra un minuto. Perla indiscutible.


So long, my son, de Wang Xiaoshuai

Después de tanta intensidad, se agradece una propuesta como La odisea de los giles, sobrenombre que recibieron en Argentina aquellos “pardillos” que habían depositado sus ahorros en el banco antes de la crisis del corralito. Regresamos a aquél 2001 para simpatizar de inmediato con un grupo de cooperativistas rurales estafados por un abogado sin escrúpulos que deciden idear un plan para recuperar su dinero. Asumida su condición de divertimento, la comedia del director Sebastián Borensztein funciona como un tiro. Lo hace amparada por un ritmo de thriller ágil y una colección de actores de primera, encabezados por un Bombita Darín que siempre suma. Habrá quienes digan que la fórmula -cierto- no es nueva o que a su -innecesaria- sátira social le falta fondo y algo de punch. Incluso que no sea acertado un tono tan amable para un trasfondo de este calado. Nada más lejos de la realidad. Frente a los golpes de la vida, a los perdedores siempre les quedará el consuelo de la risa. Y eso es también justicia poética.


La odisea de los giles, de Sebastián Borensztein

James Franco volvía a Donostia tras ganar la Concha de Oro con The Disaster Artist hace dos años. Zeroville, adaptación de la novela homónima de Steve Erickson, narra las desventuras alucinadas de un personaje alucinado por el Los Angeles de los años setenta, un territorio mítico en el que aspiraciones, celuloide y pesadilla se desdibujan a través de un montaje lisérgico plagado de referencias, como ese mundo onírico que transitaba David Lynch en Mulholland Drive. Y este deambular por todos los fotogramas del cine, del Hollywood clásico al giallo pasando por Dreyer o Jodorowsky, horroriza o hipnotiza. Desterrada del concurso por haberse estrenado en salas comerciales rusas hace unos días, nos quedaremos con ganas de saber qué acogida hubiese tenido entre el jurado un film tan inclasificable y con tantas lecturas como este. Delirio críptico. Impostura cultural. O una gran broma. Quién sabe. Que James Franco homenajee a Jess Franco ya es motivo para quererla. Fuck continuity.


Zeroville, de James Franco

Terminamos la programación del día con Parasite, ganadora de la Palma de Oro y una de las películas del Festival que más hype generaba. Quienes no la hayan visto todavía, que dejen de leer desde este punto. Que no vean ni el trailer. Es una constante sorpresa descubrir cómo este film mutante hace algo tan difícil como girar sobre sí mismo a cada tercio, cambiando del humor negro al suspense, el thriller o la violencia coreana. Y bajo esas capas de piel, la eterna lucha de clases como fábula social sin solución, ya presente en Snowpiercer. Deslumbra en cada plano la dirección milimétrica de la cámara, jugando con la verticalidad del espacio, de la casa de diseño al sótano en el que se refugian esas cucarachas familiares dispuestas a invadir vidas mejores. Es un trabajo concebido como un truco de magia perfecto, manipulador, deslumbrante, con la mirada cómplice del espectador congelada entre la sonrisa y el horror. Un Joon-ho Bong brutal e impecable que firma la que probablemente sea la película del año.


Parasite, de Joon-ho Bong

FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2019

DIA 4. 23 DE SEPTIEMBRE

Pasado el trajín del fin de semana, toca centrarse en la Sección Oficial. Sorprende la mala acogida que ha tenido The Other Lamb, cinta dirigida por la polaca Malgorzata Szumowska en torno a la joven integrante de una secta liderada por un gurú falocéntrico. A medio camino entre el terror soterrado y la metáfora, este relato sobre estructuras de dominación patriarcales y ovejas descarriadas se va construyendo a través de la fotografía de sus paisajes naturales, una suerte de lírica pictórica religiosa en contraste con la realidad que hay detrás del cuadro. Es cierto que el argumento agradecería algo menos de subrayado y más desarrollo, pero su atmósfera enrarecida está muy conseguida. A destacar también la interpretación de la joven Raffey Cassidy, conocida por otra película cuyo título fácilmente podría conectarse con el de esta: El sacrificio de un ciervo sagrado. Queda lejos de Martha Marcy May Marlene pero es defendible. Y sectas siempre es bien. #puesamímehagustado


The Other Lamb, de Malgorzata Szumowska

También va a concurso Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, del chileno José Luis Torres Leiva. El título del film, sacado de un texto de Cesare Pavese, ya viene a indicarnos la naturaleza poética de este trabajo. Y aunque no es la única referencia literaria que utiliza para enmarcar la enfermedad terminal a la que se enfrenta su pareja protagonista, tal vez sea más significativa esa otra en la que se recitan unos versos de Alejandra Pizarnik, una de las mujeres que más se acercó al cristal opaco de la muerte y su misterio a través de su obra hasta -como el mismo Pavese- caer en ella. Aquí son las interpretaciones de Amparo Noguera y Julieta Figueroa las que tiñen de verdad esta visión del final de la vida. La cámara de Torres Leiva contempla ese desenlace desde la piel, con una mirada cercana y dolorosa, suavizada con un par de insertos paliativos a modo de sueños alegóricos. No resulta sencillo conectar con la poesía árida de esta película que parece suspendida en el tiempo pero, indiscutiblemente, tiene algo.


Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, de José Luis Torres Leiva

Nos hemos llevado una agradable sorpresa en Nuevos Directores con Las buenas intenciones, una pequeña película argentina sobre un padre desastre y sus hijos ambientada en el Buenos Aires de los noventa. El film de la directora Ana Garcia Blaya se intuye biográfico y sentimental, en el mejor sentido de la palabra. La plasmación de sus recuerdos de infancia, de un tiempo pasado que no siempre fue fácil, está abordada siempre desde el cariño. Hay algo genuinamente conmovedor en el modo en que la cineasta retrata sin aspavientos la relación con su padre, eterno adolescente e hija obligada a madurar antes de tiempo. Reconstruir ese fondo casi documental con actores -estupendos Javier Drolas, Amanda Minujín y el resto del elenco infantil- no le resta un ápice de veracidad. Esta es una de esas películas pequeñas en lo formal pero enormes en sus ecos emocionales. Hermosa, sensible y nostálgica, como una canción del pasado o esas cintas de vídeo rescatadas del baúl de los recuerdos.


Las buenas intenciones, de Ana Garcia Blaya

Los espectadores más curtidos en las maratones del Zinemaldi saben que hay un momento en el que el cansancio pasa factura. A nosotros nos ha llegado con la kazaja A Dark-Dark Man, que tampoco destaca precisamente por su ritmo. La sinopsis: Un niño es asesinado en una zona rural y la policía le carga el muerto al tonto del pueblo, crimen resuelto hasta la llegada de una periodista. De ahí en adelante, el director Adilkhan Yerzhanov dinamita cualquier expectativa en un neo-noir que recurre a una atmósfera, un humor y unos arquetipos insólitos. Y por momentos, indescifrables. Pero que al director no le interese tanto el «¿quién?», «¿cómo?» y «¿por qué» como las situaciones que se generan a su alrededor no justifica que la película sea tan interminable como la estepa en la que se desarrolla. A Dark-Dark Man es un trabajo conscientemente estático, anticlimatico y gris, empeñado en seguir sus propias reglas del absurdo. Si detrás de esto hay una lectura política, se nos escapa. Tan única como inaccesible.


A Dark-Dark Man, de Adilkhan Yerzhanov

Aunque Ghost Town Anthology comienza con la aparición de un joven muerto en un accidente de tráfico, no nos encontramos ante una película de terror al uso. Ni siquiera para un género en el que las fronteras siempre han sido difusas. El film de Denis Côté opera a muy distintos niveles, todos ellos compatibles entre sí; la representación física de un drama psicológico colectivo; el duelo de una pérdida familiar; la radiografía documental de un futuro pueblo fantasma aferrado a su comunidad, con esos 16 mm a modo de vieja dispositiva; e incluso el de un humor extravagante cercano al surrealismo de Bruno Dumont, levitaciones incluidas. Pero hay también un escalofrío en esos revenants manifestándose en mitad del inhóspito invierno canadiense. Todas las lecturas son posibles para este extraño, originalísimo, desconcertante y nebuloso film sobre la memoria de los muertos y los lugares que abandonan. Otro cine fantástico. En el @horrorfestival hubiesen pedido la cabeza de Josemi.


Ghost Town Anthology, de Denis Côté

Adscrito al Novo Cinema Gallego, la filmografía de Oliver Laxe había discurrido hasta ahora lejos de su tierra. O que arde le ha devuelto a casa, aunque por sus trabajos anteriores este cineasta se reivindique ciudadano del mundo. Hay también algo de universal en la fábula de su piromano que regresa al hogar, junto a su anciana madre. Es algo ajeno a las palabras, que los bosques expresan con su mera presencia. Con su acabado documental y naturalista, esta película vive también en sus imágenes, sus actores no profesionales -la revelación de la octogenaria Benedicta Sánchez- y la soberbia fotografía de Mauro Herce. Y tiene imágenes en movimiento capaces de detener el tiempo. Sucede en la obertura del film, una fantasmagórica caída de arboles en mitad de la noche, y en el correspondiente infierno arrasador que lo cierra. Porque O que arde es una de esas películas que, más que verse, se sienten. Hombre y tierra. Condena y perdón. Lluvia y fuego. Imágenes que se graban en la retina.


O que arde, de Oliver Laxe

FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2019

DIA 5. 24 DE SEPTIEMBRE

Anoche terminamos el día con un incendio y hoy lo empezamos con otro. El de Il pleuvait des oiseaux proviene de un fuego que se apagó hace décadas pero aún pervive en los protagonistas del film, un grupo de ancianos aislados por voluntad propia en lo más profundo del bosque cuyo pasado reaviva la llegada de gente en busca de respuestas. Llevando a la pantalla una novela de la escritora Jocelyne Saucier, la canadiense Louise Archambault ha elaborado un drama presidido por la ternura que escarba en temas como la vejez, el peso del tiempo perdido, el amor recuperado, el arte redentor y la libertad como extinto modo de vida. Aunque le cueste arrancar y a ratos caiga en la dispersión, cuando la historia se mueve hacia lo salvaje para centrarse en las fantásticas interpretaciones de Andrée Lachapelle, Gilbert Sicotte y Rémy Girard, en su vulnerabilidad plagada de vida, miedos y esperanza, vuela alto. Decir que es de «Señoras del Príncipe» merece un golpe de remo. Hermosa película.


Il pleuvait des oiseaux, de Louise Archambault

Otra cinta de Sección Oficial que tampoco ha sido especialmente bien recibida es Pacificado, que dirige el norteamericano Paxton Winters con la producción de Darren Aronofsky. Y sorprende porque estamos ante un film bastante notable. Ambientada en los días posteriores a los Juegos Olímpicos de Río, Pacificado entremezcla drama familiar y thriller, retrato de personajes y tensión narrativa, la relación entre un capo redimido (un carismático Bukassa Kabengele) y su hija adolescente en medio de una guerra de poder en las favelas. Winters explora a conciencia este microcosmos de miseria y violencia pero también de vidas cotidianas, por el que la espléndida fotografía de Laura Merians se explaya dejándonos imágenes tan contundentes como la de unas escaleras que ascienden hasta el infinito, el castigo de un Sísifo en busca de un perdón imposible. Enfocando lo grande y lo pequeño, Ciudad de Dios, Narcos y una tragedia Shakespeariana a fuego lento.


Pacificado, de Paxton Winters

Vamos a Nuevos Directores con Las letras de Jordi, primer largometraje de la donostiarra Maider Fernández, integrante junto con María Elorza del colectivo Las chicas de Pasaik. Esta ópera prima recoge los diferentes encuentros mantenidos entre la cineasta y un hombre con parálisis cerebral y sentimientos religiosos, una relación que crece mediante el uso de una tabla de cartón con letras a modo de traductor. De este documental de mínimos, pequeño y sutil, se extraen reflexiones muy lúcidas acerca de la necesidad de la comunicación humana y los modos en que esta se construye, el lenguaje entre cámara inmóvil y palabras, lo espiritual e inasible… pero también sobre cosas tan mundanas como la amistad, el contacto personal o la conexión universal de las sonrisas. Porque la película no podría entenderse sin la presencia de Jordi pero tampoco sin la de Maider. No era fácil salir airoso de este experimento siendo honesto, esquivando la condescendencia y manteniendo la cercanía. Saber leer: Saber escuchar.


Las letras de Jordi, de Maider Fernández

Zabaltegi acoge los dos últimos pases del día. Comenzamos recuperando Mishima, una vida en cuatro capítulos, de Paul Schrader. Es un privilegio contemplar la copia restaurada de esta película en pantalla grande, presentada además por el siempre entusiasta Thierry Frémaux. Para retratar a una figura tan fascinante, polifacética y controvertida como la del escritor Yukio Mishima, Schrader ramificó su trayectoria a lo largo de un film que alterna la representación teatral de sus obras, sus recuerdos de infancia y la recreación de su trágico final, a modo de biopic caleidoscópico y existencialista. Entre los nombres implicados en tan ambicioso proyecto, la música de Philip Glass, la fotografía crepuscular de John Bailey, los diseños de Eiko Ishioka y la producción de Coppola y George Lucas como embajadores del cine japonés en Estados Unidos. Una obra de factura única que arroja luz sobre todas las máscaras de un mito: el hombre, su obra, su vida y su muerte. A reivindicar como pocas.


Mishima, una vida en cuatro capítulos, de Paul Schrader

Y más Japón para terminar, en su vertiente más gamberra. Como incondicionales de La Semana de Terror, nos hacía muchísima ilusión ver en vivo y en directo a Takashi Miike, un hombre capaz de lo mejor y lo peor tras las cámaras con estatus de mito en las butacas del Principal gracias a películas como Audition, Dead or Alive, La felicidad de los Katakuri o Visitor Q. A juzgar por el recibimiento que le han dado al entrar en la sala de Tabakalera, no éramos los únicos fans en la sala. Y lo mejor es que First Love es de las buenas. Mucho más accesible que otras de sus propuestas, el japonés parece haber refinado su estilo en esta comedia de enredos que deriva en una ensalada de tiros, yakuzas, peleas, gore, violencia y amor, sazonada con el humor absurdo marca de la casa. El resultado es el mejor desmadre que se pudiera esperar de un Takashi Miike en plena forma. Uno de los mejores trabajos de su interminable filmografía. Solo por el coloquio, ya merecía la pena. Genio y figura.


First Love, de Takashi Miike

FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2019

DIA 6. 25 DE SEPTIEMBRE

Sorprende la presencia a competición de Patrick, del portugués Gonçalo Waddington. Más por su condición de ópera prima -el director es un hombre curtido en los terrenos de la interpretación, el teatro y el guión- que por su naturaleza inmisericorde con el espectador, ambigua, turbia y potencialmente polémica. Durante gran parte de la película, es el propio público quien debe ir rellenando los huecos de este misterio construido en torno al silencio de un joven secuestrado de niño y devuelto a su familia años después. ¿Cómo recuperar una identidad robada? ¿Dónde se sitúan las líneas rojas del trauma? ¿Qué hacer cuando una víctima se transforma en monstruo? Son las preguntas sin respuesta que este largometraje plantea al espectador durante cien minutos que por momentos se hacen muy cuesta arriba. Tampoco el hieratismo forzoso del actor Hugo Fernandes ayuda en la tarea. Con todo, al film hay que reconocerle lo valiente de su equidistancia. Siempre hay que aplaudir el riesgo.


Patrick, de Gonçalo Waddington

La hija de un ladrón es otra ópera prima a concurso. Recuperando al personaje de su cortometraje Sara a la fuga, la directora Belén Funes construye aquí el retrato de un personaje pulido hasta el intimismo más epidérmico, con el foco siempre puesto en la actriz Greta Fernández. Es la radiografía de la soledad de una joven madre soltera en todas sus facetas, luchadora, dolida, aislada, vulnerable y acreedora de demasiadas responsabilidades. Aunque las comparaciones con el cine de los hermanos Dardenne -sí, había que decirlo- sean inevitables, en la mirada de Funes reside una verdad propia, sin artificios, de esas que llegan cuando el cine consigue algo tan difícil como capturar la vida. La película va calando poco a poco pero si termina conquistando es por la espléndida y contenida interpretación de su protagonista, respondida a ratos por el rol intermitente y detonante de Eduard Fernández, hija y padre en la ficción y realidad. Atentos a ella, porque huele a Concha de Plata.


La hija de un ladrón, de Belén Funes

El tercer largometraje del día a competición es Thalasso, en la que el director Guillaume Nicloux repite la fórmula utilizada en El secuestro de Michel Houellebecq, reuniendo esta vez al polémico escritor con el actor Gerard Depardieu en un balneario de lujo. Si las personalidades de esta extraña pareja no fueran de por sí socarronas -a ratos uno no sabe si actúan o están verdaderamente pasados de rosca- la película se encarga de enfrentarlos a una serie de situaciones desternillantes trufadas de conversaciones intelectuales a modo de boutade. La joie de vivre o el existencialismo propio de los pensadores quedan sepultados por la decadencia, la caída de los dientes o el sobrepeso de una estrella obligada a seguir un tratamiento de salud como un niño rebelde. Aunque tiene momentos absurdos muy divertidos (se lleva la palma la presencia del doble de Stallone), lo cierto es que la broma no da más de sí. Entre la genialidad, la autoparodia y la mamarrachada. Seguramente gana puntos con dos botellas de vino encima.


Thalasso, de Guillaume Nicloux

También le han caído palos a The Burnt Orange Heresy, que trae bajo el brazo el flamante Premio Donostia Donald Sutherland, aunque su presencia en el film sea menor que la de sus compañeros de reparto Claes Bang y Elizabeth Debicki. Críticas un tanto injustas por parte de los azotitos del Festival, porque la película de Giuseppe Capotondi tiene un pase. Se trata de un elegante y juguetón neo-noir de mentiras y engaños en el que un crítico de arte debe hacerse con el cuadro de un prestigioso pintor retirado por encargo de un coleccionista privado, mefistofélico Mick Jagger. Una historia que, además de nutrirse de dobles juegos, batallas dialécticas, erotismo y algunas reflexiones sobre la naturaleza de las obras maestras, se sigue con interés durante gran parte del metraje. Es una pena que el guión se venga abajo de forma estrepitosa en su tercer acto, empañando el resultado final. Sutherland está muy bien pero yo me pregunto: ¿Es Elizabeth Debicki una de las actrices más magnéticas del momento?


The Burnt Orange Heresy, de Giuseppe Capotondi

Terminamos en Perlas con Hors Normes, del tándem Toledano-Nakache, incondicionales del Festival con películas como Intocable, Samba o C’est la vie. En su último trabajo los franceses llevan su fórmula al terreno del cine social basado en hechos reales, retratando el día a día de dos organizaciones sin ánimo de lucro dedicadas al cuidado de personas con autismo. Para empezar, tenemos la presencia de dos actorazos como Vincent Cassel y Reda Kateb como sufridos educadores, que engrandecen la película. Pero, además de eso, Toledano y Nakache consiguen un equilibrio muy complicado entre emotividad, reivindicación y denuncia, relegando las pinceladas de humor a un segundo plano. Les toca de cerca, puesto que uno de ellos tiene un familiar con Trastorno del Espectro Autista. Los haters dirán que es más de lo mismo pero, lejos de ser una feel-good-movie, esta mirada agridulce al mundo de la discapacidad, las desigualdades y los prejuicios tiene un profundo poso de verdad.


Hors Normes, de Éric Toledano y Olivier Nakache

FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2019

DIA 7. 26 DE SEPTIEMBRE

Volvemos a la Sección Oficial con Rocks, una estudiante a la que se le complica la vida cuando su madre abandona el hogar familiar, dejándola al cuidado de su hermano pequeño. A Sahah Gavron la conocíamos por Sugrafistas pero más especialmente por Brick Lane, proyectada en Nuevos Directores allá por 2007. Este drama juvenil ambientado en el multicultural East End londinense guarda ciertos paralelismos con aquella cinta pero su radiografía adolescente nos recuerda también a los coming of age de Céline Sciamma. A la directora le interesa especialmente las relaciones de la protagonista con su grupo de amigas, su día a día entre clases, selfies, bailes, guerras de comida y experiencias compartidas. A pesar de todo, la vida sigue y la mirada luminosa del film se concreta finalmente como un verdadero canto a la amistad, la otra cara de la moneda de su drama silenciado. Lo mejor, el naturalismo de la cámara, el retrato generacional y la frescura de sus actrices no profesionales.


Rocks, de Sarah Gavron

Light of My Life pertenece a lo que podríamos denominar como un subgénero de películas propio, el de las relaciones paterno-filiales en futuros post-apocalipticos, en este caso uno sin mujeres. The Road, Children of Men, Stake Land, el videojuego The Last of Us… El polifacético Casey Affleck parece tener claras las referencias de las que bebe su guión, aunque aquí prevalezca siempre el intimismo sobre el terror o la acción de la supervivencia. El doble retrato de Affleck es el de un mundo desangelado, apagado, yermo y frío, un futuro en el que la inocencia y el amor no pueden tener cabida y -como siempre- los peores monstruos somos nosotros. Es precisamente la hija del protagonista quien encarna esa luz que da titulo al film, ahuyenta las pesadillas y redime al hombre con sus cuentos, luz de vida y esperanza que invade los resquicios de cada escenario a través de la formidable fotografía de Adam Arkapaw. Es, sin discusión posible, una buena película. Lo malo es que ya la hemos visto antes.


Light of My Life, de Casey Affleck

En enero de 1972 la cantante Aretha Franklin actuó en la Iglesia Bautista Misionera New Temple de Watts, dos conciertos de góspel que se convertirían a la postre en el álbum más vendido de su carrera. Amazing Grace es nada menos que la filmación de aquellas actuaciones, llevada a cabo en su momento por el fallecido Sydney Pollack y recuperada ahora por el productor Alan Elliott tras varias décadas de olvido y una costosísima labor de restauración. Como una caja del tiempo que uno entierra de niño en el jardín, podemos volver a ver aquél directo místico, enfebrecido, fervoroso y de entrega absoluta. Junto a la diva, su coro de la Southern California Gospel Community y el reverendo James Cleveland, pastor y músico indisolubles. Y un público en trance entre los que se reconocen varias caras famosas. Sobran las palabras cuando las imágenes y, sobre todo, la música, hablan por sí solas. Algo más que un mero concierto, resignificado e imposible de definir. Digna del Dock of the Bay.


Amazing Grace, de Alan Elliott

Nematoma tenía una de las sinopsis más prometedoras de la programación, la de un hombre que simula ser ciego para participar en un programa televisivo de talentos de baile hasta convertirse en una estrella mediática. Lo primero que destaca de este turbio film lituano es su cuidadísima puesta en escena, al servicio de una atmósfera de suspense glacial. Pero, a medida que avanza la historia, el director Ignas Jonynas busca expandir la premisa del engaño y las falsas apariencias de esa telerrealidad intervenida a otros terrenos como los del thriller de venganza o el perdón religioso frente al peso de los pecados. Tal vez demasiadas bifurcaciones. En el camino la película nos regala escenas hipnóticas, como las de los encuentros naturales o esas coreografías al borde de la posesión, pero no quita para que el guión se disperse y pierda fuelle. Nada mal para un Nuevos Directores pero nos deja con la sensación de que, de haberse centrado más en lo que prometía, podía haber dado mucho más de sí.


Nematoma, de Ignas Jonynas

Al cine de Daniel Sánchez Arévalo hay que quererlo. No es una afirmación condescendiente sino que se deduce del cariño que el propio cineasta muestra por sus personajes. Ocurría en Primos y ocurre también en Diecisiete, preciosa road movie de dos hermanos en busca de un perro perdido. Consecuentemente, la ternura del film no funcionaría sin las interpretaciones de Nacho Sánchez y Biel Montoro, seres frágiles más parecidos en su aislamiento familiar de lo que cabria imaginar. Porque, como suele suceder en las películas de carretera, su viaje es también interior. Diecisiete parece un caramelo de envoltura ligera, diluido en el humor, los paisajes escénicos o la dulce música de Julio de la Rosa, pero tiene momentos en los que su trasfondo emocional alcanza profundidades inesperadas. Sánchez Arévalo conoce perfectamente los resortes adecuados para llegar al espectador y no duda a la hora de presionarlos. Una de esas feel-good-movies que le reconcilian a uno con la vida. Llamadme moñas.


Diecisiete, de Daniel Sánchez Arévalo

Terminamos el día con Ciro Guerra, uno de los autores del momento tras triunfar con películas como El abrazo de la serpiente o Pájaros de verano. Waiting for the Barbarians supone su primera incursión fuera de Colombia, al precio de perder parte de su sello. Adaptando la novela homónima de J.M. Coetzee, el film nos lleva al puesto de vigilancia de un desértico territorio colonial indeterminado, en el que un benevolente magistrado británico (Mark Rylance) debe lidiar con los crueles mecanismos del imperialismo. Aun reconociendo ciertas constantes del director como la división en capítulos o el leitmotiv de las comunidades indígenas invadidas, es una pena que la propuesta se sienta tan acartonada como las caricaturas de Johnny Depp y Robert Pattinson. Al guión del propio Coetzee no le interesa tanto la historia como su -aún vigente- lectura política: ¿Quiénes son los verdaderos bárbaros? Es una metáfora tan evidente como vacía. Hay gravedad, caras famosas y buena factura… pero no trasciende.


Waiting for the Barbarians, de Ciro Guerra

FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2019

DIA 8. 27 DE SEPTIEMBRE

No se puede decir que la Proyección Especial del muy merecido Premio Donostia a Penélope Cruz fuese de circunstancia. Wasp Network, del prestigioso Olivier Assayas, prometía un recorrido por la vida de René González, espía cubano cuya biografía daba ciertamente para un largometraje. El principal problema del film lo encontramos en un montaje que hace aguas por todas partes, consecuencia de un guión que junta melodrama, thriller y rigor histórico en forma de avalancha de datos. Todo lo que funcionaba en el Chacal de Carlos se tiñe aquí de tedio para estar hablando de contraespionaje en la Cuba de Castro. Édgar Ramírez, Penélope y el resto del reparto no pueden resolver solos el entuerto. Tal vez la traslación a la pantalla de Los últimos soldados de la Guerra Fría, de Fernando Morais, libro que adapta, haya sido demasiado exhaustiva o complicada, pero lo cierto es que algo no funciona cuando unos hechos reales parecen más interesantes que su dramatización. Decepcionante.


Wasp Network, de Olivier Assayas

Qué tendrá la cinematografía rusa para dotar a sus películas de una cruel frialdad formal en sus historias, retratos y atmósferas. Hablar de Beanpole, del prometedor Kantemir Balagov, es adentrarse en un film que revolotea alrededor de unos personajes con profundos vacíos interiores, el dúo interpretado de manera sobrecogedora por Vasilisa Perelygina y Victoria Miroshnichenko. Más que apelar a la piedad, las mujeres soldado de esta película, supervivientes que tratan de retomar las riendas de una vida perdida tras el lavamiento del sitio de Leningrado, invocan al horror. No hay héroes tras la batalla porque Beanpole es, ante todo, un drama oscuro sobre heridas de guerra invisibles, enfermizas y tóxicas. Tampoco puede haber lugar para la esperanza en ese mundo gris de estancias cerradas y destinos sellados que Balagov retrata con una lúgubre fotografía pictórica, tras los pasos de otros maestros como Alexander Sokurov o Andrey Zvyagintsev. Contundente y demoledora.


Beanpole, de Kantemir Balagov

Nos alegra ver cine latinoamericano en Nuevos Directores, habida cuenta que es casi imposible encajar algún pase de Horizontes en el cuadrante de este año. Algunas bestias, del chileno Jorge Riquelme Serrano, va de un encuentro familiar de fin de semana en una isla deshabitada en el que, al albur del aislamiento, comienzan a burbujear sensaciones extrañas. Que hay algo raro en los patriarcas que encarnan Paulina García y Alfredo Castro -y el resto del reparto- se ve desde un principio, pero no es hasta el desenlace y su impactante revelación que todas las piezas encajan como en un juego de mesa. Desvelar más no sería apropiado, porque ver esta película es algo así como escuchar el tic-tac de una bomba de relojería sin saber de dónde viene. Pasan los segundos, la cámara está fija y nosotros no podemos apartar la mirada del cuadro, una de esas escenas que se quedan grabadas a fuego en la memoria. Turbia, incómoda, asfixiante, heladora y servida para la polémica.


Algunas bestias, de Jorge Riquelme Serrano

No cabe duda de que la mirada de Ken Loach es tan militante como necesaria, historias sobre la desigualdad de la clase obrera y las injusticias sociales que alguien tiene que contar. Sorry We Missed You se centra en eso que se ha venido a llamar “trabajo colaborativo”, otro sinónimo más de explotación y precariedad laboral. Cuando el cabeza de familia de este film, prototipo del héroe Loachiano, se reconvierte en repartidor por cuenta propia (léase Uber o Glovo) con la idea de mejorar en la vida, solo le aguardan una serie de catastróficas desdichas, atrapado en un sistema cada vez más tramposo y esquivo. Sorry We Missed You genera desazón y encabrona pero también emociona por sus personajes, en cuya humanidad el film ahonda casi con paternalismo. Y es que el director tampoco se libra aquí del maniqueísmo que lo acompaña ni de los vicios de los guiones de Paul Laverty. Su denuncia no sobra. El problema es que a ratos esta película la fuerza hasta romperla.


Sorry We Missed You, de Ken Loach

Reservamos otra escapada a Zabaltegi para ver Zombi Child, de Bertrand Bonello. Si por algo destaca el cine del francés es por su estilo libre y mutante, visto en films como Nocturama o Casa de tolerancia. En esta película se atreve a cruzar la historia de un grupo de alumnas de un instituto de élite con el caso real del zombi haitiano Clairvius Narcisse, una insólita mezcla de vudú, identidad cultural, herencia política, colonialismo y millennials que conforma un hechizo fascinante, críptico y clarividente. Sin duda, el espectador atento descubrirá otras capas y lecturas, especialmente si bucea en sus imágenes sin explicar, más allá de géneros pero posadas a la vez en muchos de ellos. La reflexión corre a cargo del público, porque en esta propuesta “zombi” representa muchas más cosas que la primera que a muchos nos viene a la cabeza. Tal vez no resulte fácil entrar en ella pero, si se consigue, el resultado es otro hipnótico viaje a los universos noctámbulos de Bonello, un director insobornable y absolutamente único.


Zombi Child, de Bertrand Bonello

FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2019

DIA 9. 28 DE SEPTIEMBRE

El último día del Zinemaldi solemos bajar el ritmo, siendo complicado encajar muchas cosas. Como de costumbre, comenzamos con la clausura, The Song of Names, de François Girard, un director con especial querencia por todo lo musical. Está presente aquí en la figura de Dovidl, un niño judío prodigio del violín exiliado a Inglaterra antes del comienzo la Segunda Guerra Mundial. Su repentina desaparición se extiende hasta el presente en la cabeza de su hermano de acogida, como obsesivo misterio sin revolver. Suena a melodrama de manual. Y lo es. Esta historia a dos tiempos presume de una estupenda factura clásica, actores de la talla de Tim Roth y Clive Owen y una hermosa partitura del maestro Howard Shore. Sin embargo, su contenido drama atiborrado de flashbacks no convence y sus reflexiones sobre la culpa de los que sobreviven y la fe como único refugio ante el horror van perdiendo poco a poco el interés. Ciertamente, las hemos visto peores. Tendrá su público.


The Song of Names, de François Girard

Era ya un secreto a voces que la película sorpresa del Festival -juguetona iniciativa de esta edición- sería Joker, de Todd Phillips. Superada ya esa discusión estéril sobre si esto es o no cine de superhéroes, sí está claro que Joker es una película de orígenes y un drama, pero también una maquiavélica advertencia política sobre los locos que siguen al loco. El personaje de Arthur Fleck, enfermo mental vapuleado por el sistema, no es sino un detonante para justificar que la belleza del gesto fundamente las acciones más terribles, algo de una vigencia absoluta en estos tiempos de manifiestos, posturas enfrentadas y revueltas sociales. Taxi Driver está muy presente y no solo por la intervención de Robert de Niro, sino también por sus ambiguas reflexiones morales. Desangelada, ambivalente, con una música absorbente de Hildur Guðnadóttir y una fotografía excelente, el clímax desatado de esta película va más allá de sus propias imágenes. Y vaya tour de force de Joaquin Phoenix. Tremenda.


Joker, de Todd Phillips

Otro clásico del último día es llegar muriendo a las retrospectivas, dedicada en esta ocasión al cineasta Roberto Gavaldón. La otra (1946) gira en torno al asesinato y suplantación de identidad de dos hermanas gemelas antagónicas, un estupendo noir mexicano de decisiones sin retorno, crimen y castigo y mujeres fatales. Destaca aquí el doble papel de la emblemática Dolores del Río, Magdalena y María, adinerada y humilde, herederas de un mismo odio. Dato curioso, Bette Davies protagonizaría un remake americano de este film en 1964. Sin haberlo visto, damos por sentado que el original no tiene nada que envidiarle. De los veinte largometrajes proyectados hemos anotado en la agenda títulos como La diosa arrodillada, En la palma de tu mano o La noche avanza, recordando que interesaría poder recuperar estas retrospectivas más allá del Festival. Nueve días dan para lo que dan y es evidente que no se puede llegar a todo. En cualquier caso, gracias al Sr. @josueguren por la recomendación.


La otra, de Roberto Gavaldón

Cerrando el Festival tenemos Le milieu de l’horizon en Nuevos Directores, de Delphine Lehericey. Corre el año 1976 y el campo suizo atraviesa una fuerte sequía que arrasa los cultivos y acaba con los animales de las granjas. El joven protagonista del film asiste en medio de ese verano abrasador a una desintegración familiar que es también un viaje al final de la inocencia y lo desconocido. La directora retrata esta historia con incuestionable sensibilidad tras la cámara, emancipadora mirada feminista y algún que otro exceso. La mejor virtud de este trabajo la encontramos en la composición de sus personajes, seres con aristas ante cambios vitales que no llegan a comprender del todo, concretada en las interpretaciones de Luc Bruchez, Clémence Poésy, Thibaut Evrard y una estupenda Laetitia Casta. En algunos tramos parece estancarse algo más de la cuenta bajo ese sol implacable e inamovible, pero es un film interesante y bien resuelto. Buena manera de terminar estos nueve días de cine y gloria.


Le milieu de l’horizon, de Delphine Lehericey

VALORACIÓN Y CIERRE

Un Festival de cine tan bien organizado como el de San Sebastián debería compararse únicamente con sus pasadas ediciones. Volvemos a encontrarnos con esa inexplicable dicotomía entre lo que se dice en algunos medios y nuestra percepción personal, especialmente en lo que se refiere a la calidad de la Sección Oficial. Con casi cincuenta películas a las espaldas, quedan para el recuerdo una veintena sobresalientes y otras tantas, como poco, interesantes. Algunas se sitúan ya entre lo mejor de la cosecha de este año. Nunca lloverá a gusto de todos pero quien no encuentre algo que le llene en semejante programación es porque no quiere. Podemos empezar a descontar las horas para que empiece el siguiente.

Nuestro Palmarés

Concha de Oro a la mejor película: La trinchera infinita

Premio Especial del Jurado: Proxima

Concha de Plata a la mejor dirección: Pacificado

Concha de Plata a la mejor actriz: Nina Hoss

Concha de Plata al mejor actor: Antonio de la Torre

Premio del Jurado a la mejor fotografía: Pacificado

Premio del Jurado al mejor guión: Proxima

Premio ¡¿Por qué Rebor?! ¡¿Por qué?!: Mientras dure la guerra

Premios Flipesci

Flipesci Zinemaldia: La trinchera infinita

Flipesci Perlas: So long, my son

Flipesci NNDD: Algunas bestias

Flipesci Zabaltegi: Play

Top Zinemaldi

1.- Parasite

2.- Joker

3.- So long, my son

4.- Zombi Child

5.- The Lighthouse

6.- La trinchera infinita

7.- Les misérables

8.- Beanpole

9.- Proxima

10.- First Love

11.- Algunas bestias

12.- Weathering With You

13.- Zeroville

14.- Pacificado

15.- O que arde

Con puestos intercambiables y sin desmerecer otras películas como Blackbird, La vérité, Delphine et Carole, insoumuses, The Audition, Las buenas intenciones, Ghost Town Anthology, Il pleuvait des oiseaux, La hija de un ladrón, Diecisiete… y las que seguramente nos dejamos.

Textos: @Fer_Iradier

Fotografías: @javivoland

Galería de fotos: https://www.flickr.com/photos/javivoland/albums/72157673958556408

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