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XVII Festival de Cine y Derechos Humanos

POSTED ON 09/07/2019 BY ARTEUPARTE MAG

Más allá del entretenimiento o la expresión artística, el cine se ha revelado desde sus orígenes como una poderosa herramienta para la defensa de los Derechos Humanos. Concebidas como material de denuncia, las películas han tratado de derribar muros que vienen de lejos y han vuelto a cobrar protagonismo en los últimos años, paredes que separan, aíslan y no dejan ver más allá de sus ladrillos. Las proyecciones del Festival de Cine y Derechos Humanos no serán capaces de acabar con las concertinas que ilustran el cartel de esta edición… pero tal vez puedan traspasar otros muros mentales, los de las fronteras invisibles que construyen nuestros propios prejuicios y falta de empatía. Frente a esos toca reivindicar, una vez más, el poder de la imagen en movimiento.

Impreza – Das Fest

Alexandra Wesolowski

El ascenso de la extrema derecha en Europa ha tenido uno de sus máximos esponentes en el partido polaco Ley y Justicia, que viene exhibiendo una política ultra conservadora y autoritaria con maquillaje neoliberalista. La cineasta Alexandra Wesolowski aborda este panorama desde lo personal, con ocasión de una visita a su Varsovia natal para la celebración de las bodas de oro de sus abuelos. Su cámara va recogiendo desde la distancia una serie de conversaciones en las que se va colando poco a poco el discurso de un racismo interiorizado con una naturalidad pasmosa y los argumentarios de una ideología que no entiende de edades, cultura ni clases sociales. Que la propia directora forme parte de la función es necesario para comprender la naturaleza de esa brecha que se abre a sus pies. Es un distanciamiento analizado desde la incredulidad de quien descubre a sus seres queridos con otros ojos, incluso cuando decide hacerlo desde la sutileza o la ironía. Más allá del retrato familiar, Impreza es un documental que evidencia la inquietante permeabilidad de los peores populismos. No hay que irse hasta Polonia para comprobarlo. #desfiledecuñados

El hijo del acordeonista

Fernando Bernués

El hijo del acordeonista es ya la tercera adaptación cinematográfica de una novela de Bernardo Atxaga tras Obaba y Bi anai, una historia que el director Fernando Bernués conocía bien después de haberla llevado al teatro. De regreso a la localidad ficticia del escritor, la película desgrana en forma de flashback cronológico la relación de dos amigos de infancia a los que la vida reúne y distancia a través de los años, desde la posguerra y el nacimiento de ETA hasta un presente en el que toca rendir cuentas. Bernués decide desarrollar este ambicioso relato por los cauces del cine clásico, eludiendo el análisis de la violencia y su carga política en favor de las historias personales, la nostalgia de los recuerdos y unos códigos morales propios del western. Nada que objetar al respecto pero, aunque las intenciones son buenas, el resultado final se siente acartonado y hace que el melodrama bordee los abismos del telefilm. Con todo, Soinujolearen semea es uno de esos trabajos que se intuyen rodados desde la honestidad del que cree firmemente en lo que cuenta. Y eso ya es más de lo que puede decirse de muchas películas. Hay que verla con ojos inocentes.

Funan

Denis Do

A pesar de su magnitud y cercanía en el tiempo, las atrocidades perpetradas por los Jemeres Rojos de la Kampuchea Democrática apenas dejaron pruebas gráficas a su paso, más allá de las fosas comunes. Por eso mismo, se hace necesario reconstruirlas. Rithy Panh ya hizo lo propio en L’image manquante, un extraordinario documental que transformaba los testimonios de los supervivientes de aquel genocidio en dioramas habitados por figuras de barro. La ficción animada de Funan es mucho menos transgresora pero resulta igualmente impactante. A través del éxodo forzado, las penurias y la pérdida de dignidad de su familia protagonista, Denis Do va desgranando una historia de supervivencia y terror detenida entre el drama y la poesía. Frente a toda esa violencia, fuera de plano pero no por ello menos cruel, los detalles de una naturaleza ajena a lo que la rodea, pequeños destellos de luz y color alrededor de la muerte. No hace falta saber que el director de esta película es de origen camboyano para comprender de que, como Persépolis o Vals con Bashir, su mirada también clama contra el olvido. Trazo limpio y línea clara para reconstruir el horror de otra imagen perdida.

The Tower

Mats Grorud

Directa desde Annecy llega también The Tower, un film de animación que, por su apartado artístico y enfoque, trae inmediatamente a la memoria las virtudes de Ma vie de Courgette. Al igual que la película de Claude Barras, el trabajo de Mats Grorud utiliza el claymation para presentarnos una dura realidad vista desde los ojos de un niño. Para su pequeña protagonista, la vida cotidiana del pueblo palestino existe como un universo cerrado de casas amontonadas en el que todavía hay sitio para la esperanza, aunque esta solamente pueda crecer hacia arriba en su aislamiento. Intercalados, los sucesivos recuerdos de las generaciones precedentes se revelan en forma de flashbacks en 2D, como pequeños cuentos y lecciones de historia que repasan la cronología del exilio. El resultado es un manifiesto testimonial que hace de enlace entre dos mundos, la ingenuidad mágica del niño y el desencanto de los adultos. Sin ser un portento técnico, The Tower consigue reivindicarse como una película humanista, lírica y entrañable hecha con dibujos y personajes de plastilina que se sienten de carne y hueso. Sin duda, uno de los mayores logros a los que puede aspirar el cine de animación.

Hilos de sororidad

Eneko Olasagasti

Cuando la asociación Harituz de Astigarraga comenzó a tejer una enorme bufanda ciudadana para denunciar la violencia sexista, no imaginaba la repercusión que tendría su iniciativa. El proyecto Madejas fue sumando metros, traspasando fronteras e involucrando a muchos otros colectivos para convertirse en una verdadera marea solidaria. Concebido como una puntada más, este documental resume ese recorrido desde los rostros de unas mujeres anónimas que se empoderan a medida que construyen redes y puntos de encuentro, desde las fachadas de un ayuntamiento local a un museo de arte en Suecia. Para narrar todo esto, el director Eneko Olasagasti viene a ensalzar las virtudes del activismo como unión de personas, una solidaridad que se ha extendido también a la financiación de su película a través del crowdfunding. Para quienes no conocieran Madejas, es una estupenda carta de presentación. Sin embargo, a ratos uno tiene la sensación de que el documental se queda en la superficie de muchos otros temas, como las historias personales y motivaciones de todas esas mujeres tejedoras. Hubiera agradecido algo más de profundidad en lo que subyace tras la tela.

#Placer femenino

Barbara Miller

Deborah escapó del judaísmo ortodoxo bajo amenazas de muerte. Doris sufrió abusos sexuales en el seno de la Iglesia católica. A la artista japonesa Rokunedashiko la arrestaron por hacer de su vulva una pieza de arte. Leyla se ha convertido en activista contra la mutilación genital femenina. La india Vithika reivindica una sociedad en la que el único motor de las relaciones de pareja sea el amor. Estas cinco mujeres confluyen en este documental sobre una sexualidad femenina reprimida por el patriarcado a lo largo del mundo. Aunque lo cuente con energía, e incluso unas dosis de humor, el trabajo de la directora Barbara Miller es muy consciente de que los testimonios de sus heroínas hablan por sí solos. Y es que el telón de fondo de estas historias puede parecer religioso pero las estructuras de dominación que lo sustentan son producto de un sistema social universal, cuyos orígenes son igual de ancestrales y poderosos. Tratando de resquebrajar esos cimientos, #Placer femenino es también un trabajo excepcional para iniciarse en la revolución de la igualdad sexual que está viviendo nuestro tiempo. Clarividente, militante y luminoso. Sus mujeres enamoran.

Hotel explotación: Las Kellys

Georgina Cisquella

No es casualidad -ni demérito- que un trabajo como Hotel explotación haya adoptado el formato del reportaje televisivo. En primer lugar, porque a lo largo de su trayectoria Georgina Cisquella siempre ha sentido el periodismo como una herramienta para la denuncia. También porque para exponer la dura situación de las camareras de piso era necesario un documental de urgencia. Esta película habla de realidades invisibles, esclavitudes modernas amparadas por la crisis, asociacionismo en estado de necesidad y dignidades recobradas desde las mareas ciudadanas del empoderamiento feminista. Desde su mismo título, Hotel explotación no disimula su naturaleza de celuloide de guerrilla, cámara en mano. Su objetivo es contar lo que está pasando como quien enarbola una pancarta. También en esta ciudad de postal, tan dada al turismo y tan poco a determinadas luchas sociales. En el otro lado de la balanza, habrá quienes digan que el activismo de este documental juega en su contra, sin la participación de otras voces que no sean las de sus protagonistas. Lo cierto es que la precariedad laboral de las kellys admite pocas réplicas a trescientos euros la noche.

The Feminist

Hampus Linder

Había muchas maneras de acercarse a la controvertida figura de Gudrun Schyman, referente de la política sueca, líder de izquierda y fundadora del partido Iniciativa Feminista. Este trabajo escoge quizás la más velada y compleja de todas. Y es que con su documental el director Hampus Linder ha querido hacer el retrato de un personaje que se desnuda ante la cámara para revelar el bagaje de toda su trayectoria política en lo personal. La fotografía de la luchadora que hace campaña desde la cercanía e inspira a las nuevas generaciones es tan cierta como las de la víctima de violencia de género y el alcoholismo heredado o la cabeza de familia que vivió días dorados. A la película no le hace falta decirnos que la cara pública de Schyman es reflejo de esas otras. Resulta curioso que en el coloquio que siguió a la proyección más de uno lamentase que este documental vaya abandonando poco a poco el personaje para centrase en la persona, como si el firme ideario de su protagonista se diluyese en todos esos instantes cotidianos filmados con delicadeza que, de un modo u otro, siempre terminan mirando al pasado. Nada más lejos de la realidad: Lo personal también es político.

À l’école des philosophes

Fernand Melgar

Hace algunos años el Festival de Cine y Derechos Humanos proyectó un interesante documental titulado L’abri. Si en aquella película el director suizo Fernand Melgar se infiltraba en un albergue para indigentes, ahora lo hace en una clase de niños con discapacidad mental. De entrada, la dura realidad de À l’école des philosophes puede resultar incómoda. Sus pequeños protagonistas tienen luces y sombras. Los padres tampoco son héroes frente a la adversidad, siendo sostenidos por la comprensión y el cariño de los profesionales que los apoyan. Cuando se habla de discapacidad, casi siempre nos apresuramos a poner apellidos para olvidamos de los nombres. Aquí, la cámara invisible e íntima del cinéma direct consigue hacernos partícipes del día a día de Kenza, Léon, Chloé, Louis y Albiana, de sus dificultades, retos, progresos y abismos. Precisamente por eso, esta película cala, apretando nuestros resortes sentimentales desde el realismo. Melgar consigue algo tan complicado como apelar a la dignidad universal del ser humano y emocionar sin caer en la condescendencia. La suya es una mirada profunda en su aparente sencillez. E inmensamente tierna.


En guerre

Stéphane Brizé

Que el capitalismo es sinónimo de guerra es algo que la historia -y más recientemente, la última crisis económica- se ha encargado de dejar marcado a fuego. Esta película se detiene en una de sus infinitas secuelas, el cierre de una fábrica fagocitada por las lógicas del mercado a pesar de generar beneficios. El trabajo de Stéphane Brizé puede, y tal vez pretenda, desquiciar al espectador por lo intenso y frustrante de su desarrollo. Es un drama social hiperrealista que adopta la forma del thriller a voz en grito, una sucesión de huelgas, discusiones, negociaciones e intentos de mediación como parches para una batalla perdida de antemano. Tras las pancartas y las protestas surgen dilemas morales sobre los límites de los principios y la solidaridad, concentrados en la figura del sindicalista al que encarna el soberbio Vincet Lindon, habitual del director, casi un reverso del personaje al que diera vida en La loi du marché. Las lecturas de este film comprometido y militante son tan ciertas como demoledoras. Los individuos no tienen poder frente al sistema. Y sí, se puede combatir, pero la lucha de clases parece insuficiente contra el interminable arsenal del capitalismo.

Behind India

Fernando Vera

Desde nuestra perspectiva occidental y etnocéntrica, la India se nos antoja un lugar donde la pobreza y las desigualdades se han estancado en el tiempo. Este documental promovido por la ONGD Calculta Ondoan, que lleva años ayudando al país asiático desde Donostia, viene a decirnos que las cosas están cambiando. El trabajo de Fernando Vera revela un verdadero crisol de movimientos sociales que luchan por el progreso desde el feminismo, la sostenibilidad ecológica o la no violencia de Gandhi. Los testimonios de las mujeres que se suceden a lo largo de la película dejan bien claro que son ellas quienes abanderan esta transformación, en rebeldía contra el machismo imperante en la sociedad hindú. Reconocía el director en una entrevista que las ramificaciones de su documental eran inabarcables y algo de eso se nota en el montaje final. No tanto porque las causas que enarbolan sus protagonistas resulten ajenas, sino porque a los neófitos nos vendría bien algo más de contexto para entenderlas en toda su dimensión. En cualquier caso, la divulgación de su valentía es suficiente. Es más, tal vez después de ver sus ejemplos la India nos resulte un poquito más cercana.

Welcome to Sodom

Christian Krönes, Florian Weigensamer

Ghana tiene el dudoso honor de albergar el mayor cementerio de basura electrónica del mundo, un lugar bautizado por sus habitantes como Sodoma y Gomorra. El escenario daba para un documental al uso sobre el paradero de nuestros desechos tecnológicos. Sin embargo, esta película discurre por derroteros mucho más insólitos. Con un tratamiento experimental propio del Labo de Clermont-Ferrand, los austriacos Christian Krönes y Florian Weigensamer imponen una visión apocalíptica, hipnótica y por momentos surrealista de la miseria en África. La escuchamos en los testimonios construidos de los habitantes del vertedero, narrados como profecías con perfecta dicción. La propia fotografía de ese Infierno en la tierra es un limbo que se extiende hasta el infinito ocultando cualquier referencia urbana, un mundo cerrado y congelado en el tiempo del que no se puede escapar. El resultado es un documental tan original como perturbador cuyo pulso visual deja en la cabeza toda una colección de imágenes grabadas a fuego, como la pesadilla distorsionada de un videoclip. No hay mejor metáfora para el destino de nuestra basura occidental, reducida a cobre por los demonios de nuestra codicia.

¡Nae Pasaran!

Felipe Bustos Sierra

Documentales como Searching for Sugar Man o la serie Wild Wild Country nos han dejado claro que algunas historias reales superan a la ficción. La de cómo los obreros de una fábrica escocesa boicotearon al régimen de Pinochet negándose a reparar los motores de sus aviones merecía ser contada. La construcción modélica de ¡Nae Pasaran! superpone diferentes capas, divulgativas, de memoria histórica, reconstrucción e incluso investigación, pero el material que las cohesiona es el emocional. El homenaje a los héroes anónimos de esta película es también un ejemplo de cómo la solidaridad de las clases trabajadoras puede atravesar océanos, cordilleras, idiomas y décadas, actuando como el batir de las alas de una mariposa. A Felipe Bustos Sierra, hijo de exiliado, no se le puede echar en cara la forma en que construye algunas situaciones porque no es algo que el film pretenda esconder, sobrevolando esas fronteras entre la ficción y el documental cada vez más difusas. La emotividad de su historia bebe de la verdad y trae a la cabeza esas palabras dedicadas a todos esos dictadores y criminales de guerra que murieron impunes: La historia ya les ha juzgado.

Paseko Txoriak

Juanmi Gutiérrez

Esta edición del Festival llegaba marcada por la noticia del fallecimiento de Juanmi Gutiérrez, un habitual en las butacas de nuestros cines que había pasado varias veces por la pantalla del Victoria Eugenia con documentales como Oihalak Adarretan o Ateak Zabalduz. Este Paseko Txoriak póstumo se interesa por la solidaridad ciudadana frente al drama de la inmigración, tomando como ejemplo las redes de acogida que empezaron a operar en la localidad de Irun desde las iniciativas del gaztetxe de Lakaxita. Como no podía ser de otro modo, la película reúne muchas de las virtudes del cineasta errenterriearra, artesanal, militante, ramificada, exhaustiva y comprometida desde la cercanía. También de urgente actualidad, como evidencia esa visita al Aita Mari, amarrado e inútil en el puerto de Pasaia. Y algo más, porque echando la vista atrás es imposible desligar este trabajo del legado de su director. Paseko Txoriak no es solo un canto al extraordinario poder de las personas frente a la inacción de las instituciones. Resume también el profundo humanismo que siempre destiló la mirada de Juanmi Gutiérrez. Todos somos aves de paso. Solamente algunas dejan huella.

El Estado contra Mandela y los otros

Nicolas Champeaux, Gilles Porte

En 1964 Nelson Mandela y otros nueve líderes del Congreso Nacional Africano fueron juzgados y condenados por actos de sabotaje contra el apartheid en lo que se vino a conocer como el proceso de Rivonia. El resto es historia. No ha sido hasta hace poco que los materiales de aquellas sesiones se han hecho públicos, cientos de horas de grabaciones de audio con las que los franceses Nicolas Champeaux y Gilles Porte han querido construir este documental. Aunque recurren a una animación de carboncillo en constante mutación para cohesionar y dar algo de dinamismo al asunto, con ideas francamente inspiradas, lo cierto es que a medida que los diferentes testimonios y reconstrucciones del proceso se acumulan la película se vuelve un tanto tediosa. En cualquier caso, era muy oportuno apartarse de la figura de Madiba y sus icónicos discursos para centrarse en esos otros colaboradores necesarios y sus abogados defensores, a los que también se da cabida en el presente para reivindicar el valor de los héroes en segundo plano, con urgencia vital. El resultado es un documental más interesante que apasionante cuyo interés es, además, más histórico que fílmico. Que no es poco.

Hamada

Eloy Domínguez Serén

Cuando un árabe maldice a su enemigo, lo manda metafóricamente a la “hamada”, los abrasadores paisajes pedregosos donde el pueblo saharaui sobrevive al exilio desde hace más de cuarenta años. De las muchas -pero nunca suficientes- películas sobre el tema, esta destaca por el retrato de sus nuevas generaciones. Apartados de reivindicaciones políticas, el grupo de amigos protagonista del film piensa más en España que en su tierra arrebatada, mientras mandan mensajes por el móvil o sueñan con aprender a conducir en un desierto barrido por el viento. Aunque en ellos hay un claro sentimiento de pertenencia, como cualquier otro chaval de su edad, también se buscan a sí mismos. A través de este enfoque y un estupendo apartado visual y sonoro, Eloy Domínguez Serén nos ha regalado un film entrañable, vitalista y con un inesperado sentido del humor, especialmente cuando se centra en el personaje de la pequeña Zaara, una mujer de su tiempo sin miedo a nada ni a nadie. Tal vez sea su fe, testarudez e ingenuidad, la que mejor captura el drama de ese destierro detenido en el tiempo. Como la propia juventud, Hamada nos habla de una libertad que no entiende de muros.

La (des)educación de Cameron Post

Desiree Akhavan

Cuando Cameron Post es descubierta en el asiento trasero de un coche con una compañera de clase, su familia decide enviarla a un campamento religioso para que enderecen su orientación sexual. Lo primero que hay que agradecerle a la directora Desiree Akhavan a la hora de contar esta historia es que no haya caído en el maniqueísmo. La denuncia es de guante blanco y la rabia nunca desborda la pantalla, mientras que la sensibilidad del retrato del grupo de adolescentes encabezados por Chloë Grace Moretz logra esquivar las etiquetas del drama indie made in Sundance. Y algo más, porque aunque esté ambientada en los noventa, la película no podía ser más actual. Su coincidencia en salas con un film como Identidad robada o la dantesca noticia de los cursos clandestinos organizados por el obispado de Alcalá de Henares para “curar” la homosexualidad ya nos dice que lo que cuenta no es algo ajeno o propio de otros tiempos. No sorprende que frente a toda esa homofobia e incomprensión, a los protagonistas de esta historia de iniciación al (des)cubrimiento sexual solo les quede salirse del camino marcado hacia un futuro incierto y desconocido. Para caminar libres, al fin y al cabo.

La carga

Ognjen Glavonic

Las atrocidades que siguieron a los bombardeos de Serbia por parte de la OTAN en 1999 son el contexto histórico en el que se mueve este primer trabajo de ficción del director Ognjen Glavonic, centrado en el viaje de un transportista encargado de trasladar un misterioso cargamento desde Kosovo hasta Belgrado sin hacer preguntas. Es la crónica de una guerra fuera de plano, contada sin palabras, cuya réplica es esa carga física y emocional que el protagonista -soberbio Leon Lucev- lleva a sus espaldas. Vemos destellos del conflicto en los bombardeos sobre la ciudad, como fuegos artificiales en el cielo, o a través de unos disparos al aire en la celebración de una boda, pero su violencia nunca aparece en pantalla. Una dirección y fotografía extraordinarias terminan de enmarcar la tensión de ese viaje por carretera, a través de planos sostenidos y paisajes grises, creando atmósferas más propias del cine de terror que de un thriller político. Con este demoledor retrato de la guerra vista desde los márgenes de la tormenta, Glavonic ha firmado un film complejo, sobrio y sutil sobre el peso de la memoria, el horror y la moral en primera persona. Soberbia.

When I Saw You

Annemarie Jacir

Como de costumbre, el Festival ha homenajeado al Premio Especial de esta edición, la cineasta y poeta palestina Annemarie Jacir, recuperando un trabajo significativo de su filmografía. Rodada en 2012, When I Saw You retrocede a su vez hasta el año 1967. Tras la Guerra de los Seis Días, Tarek y su madre se han visto forzados a abandonar su casa y malviven en un campamento de refugiados de Jordania a la espera de un cabeza de familia desaparecido. Parece mentira que con semejante premisa la película termine reivindicando una visión de la resistencia armada palestina y los movimientos revolucionarios de los sesenta plagada de ternura, humor e ingenuidad, como solo pueda serlo desde los ojos de un niño. Para el pequeño protagonista, el futuro está en unos amigos-guerrilleros que se preparan para el combate como en un campamento de verano, en su certeza de un mundo mejor. Han pasado más de cinco décadas desde entonces y las cosas han empeorado. El último plano de la película, tan hermoso como terrible, da por buena aquella huida hacia adelante. Aunque todos esos sueños quedasen congelados en el tiempo como en una fotografía del pasado.

Gracias a Dios

François Ozon

Si el tema de los abusos sexuales de la Iglesia Católica ya es espinoso de por sí, hacer una ficción sobre el mismo es caminar en la cuerda floja. Tal vez por eso François Ozon haya optado por un estilo aséptico a la hora de rodar esta película basada en hechos reales, lejos de cualquier discurso o provocación, sin querer dejar su impronta de cineasta pero midiendo todo al milímetro. Gracias a Dios es tanto una denuncia como un profundo estudio de personajes, que el film encadena formando un tríptico de clases sociales reunidas en una sola voz, diferentes maneras de enfrentarse a los traumas del pasado y sus consecuencias. El mérito lo tienen en gran medida los actores, incontestables Melvin Poupaud, Denis Ménochet y Swann Arlaud, pero el film consigue ir un paso más allá. Si las comparaciones con Spotlight -por forma y fondo- no andan desencaminadas, además de señalar al silencio cómplice de la impunidad, aquí se nos invita también a la reflexión. Habrá quienes digan que esta no parece una película de Ozon pero eso no desmerece la valía de este drama exigente, riguroso, contenido y empático desde la distancia. Y, sí, también necesario.

TOP XVII Festival de Cine y Derechos Humanos

1.- La carga

2.- #Placer femenino

3.- À l’école des philosophes

4.- ¡Nae Pasaran!

5.- Welcome to Sodom

Sin desmerecer:

.- La (des)educación de Cameron Post

.- En guerre

.- Funan

.- Gracias a Dios.

Textos: Fernando Iradier @Fer_Iradier

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