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Crónicas Zinemaldia 2020

POSTED ON 18/09/2020 BY ARTEUPARTE MAG

Crónicas Zinemaldia 2020

Solemos terminar nuestras crónicas del Zinemaldi dedicando unas palabras a su modélica organización. Este año, el reto era doble: mantener ese estándar de calidad y enfrentarse a una pandemia que situaba al Festival en una posición de incertidumbre tras haberse cancelado otros certámenes de primera línea como el de Cannes. Es por eso que, antes de entrar a valorar este 68º Festival Internacional de Cine de San Sebastián, toca empezar agradeciendo y felicitando a todas y cada una de las personas involucradas en su organización. No era fácil sacar adelante una edición tan complicada garantizando la seguridad de todos con el buen hacer que les caracteriza. Y ahora, hablemos de cine.

FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2020

DIA 1. 18 DE SEPTIEMBRE

No podía soñarse mejor inauguración que la de Rifkin’s Festival, un Woody Allen ambientado en la propia Donostia y su Festival. Las constantes idas y venidas de la pareja formada por Wallace Shawn y Gina Gershon, un matrimonio adormecido en la crisis del conformismo, construyen una comedia romántica de fondo amargo en la que habitan muchos de los temas habituales del estadounidense como el existencialismo o las relaciones amorosas, salpicados por guiños cinéfilos a Welles, Bergman, Buñuel o Truffaut, tal vez, el juego más divertido del film. Lejos de los mejores trabajos del director, sin caer en el vicio de la postal turística y acunada por una fotografía otoñal de Vittorio Storaro, Rifkin’s Festival se queda en un paseo ligero por Donostia y las obsesiones de Allen.


Rifkin’s Festival, de Woody Allen

Estrenamos Perlas con Nuevo orden, de Michel Franco. Lo que comienza como la celebración de una boda de postín alimentada por diferencias de clase y corrupción política, descarrilla para convertirse en una crónica cruda, inmisericorde y violenta de la desintegración social en México, aunque los disturbios de esta historia podrían suceder en cualquier parte del mundo. Ciertamente, en estos tiempos convulsos, el film alcanza por momentos una dimensión profética. En medio del horror, unos personajes abocados a la peor de las suertes, hormigas impotentes frente a un caos organizado donde el verdadero poder nunca cambia de manos. No hay ninguna esperanza en la escalofriante crueldad que escenifica esta película. Se vea como futuro probable o thriller, uno sale con mal cuerpo.


Nuevo orden, de Michel Franco

Seguimos en Perlas con The Father, bautizo cinematográfico del dramaturgo francés Florian Zeller adaptando su propia obra de teatro. Tras un acercamiento inquietante y claustrofóbico, cercano al terror, esta historia se descubre como una vuelta de tuerca al drama del alzhéimer y la demencia desde un punto de vista raramente explorado: el del propio enfermo. La película no podría funcionar sin la interpretación que nos brinda un superlativo Anthony Hopkins y la réplica de Olivia Colman como anclaje a lo real, dejando algunos huecos a cargo del espectador. Y es que, lejos de recrearse en el drama, Zeller opta por fijar su cámara en los actores, manteniendo una constante e inesperada tensión a la hora de describir una vejez en la que rostros, tiempos y lugares se diluyen. Un debut más que notable.


The Father, de Florian Zeller

Al argentino Pablo Agüero lo recordamos por Eva no duerme, proyectada hace algunos años en el Festival. Akelarre vuelve a descubrirnos a un director que parece caminar por espacios en penumbra. Al igual que sucedía en aquella crónica del tránsito del cadáver de Eva Perón, a esta película no le interesa la recreación histórica, aquí, los procesos por brujería llevados a cabo por el juez Pierre de Lancre en el año 1609. En su lugar, encontramos un film que pretende redefinir aquellos hechos desde una mirada feminista. Sin embargo, la propuesta no termina de encontrar su tono, convirtiendo por momentos el juego teatral y la trabajada estética de su fábula moral en una especie de fiesta de pijamas en la mazmorra. Puestos a despojarse de pomposidades, ojalá unas sorginak millennials diciendo: «Jo qué fuerte, tía, que nos llevan a la hoguera».


Akelarre, de Pablo Agüero

La programación de esta edición está salpicada de una gran cantidad de películas asiáticas. Comenzando por Wife of a Spy, del prolífico Kiyoshi Kurosawa, responsable de films tan personales como Cure, Pulse, Tokyo Sonata o la más reciente To The Ends of the Earth. El director parece cambiar aquí de registro, trasladándose al Japón previo a la Segunda Guerra Mundial para encuadrar a sus protagonistas en un melodrama noir de corte clásico. Solo en apariencia, porque, además de indagar en el oscuro pasado de su país a través de una historia de espías, la propuesta de  Kurosawa es también el profundo estudio de una mujer atrapada en la ambigüedad de sus propias ficciones, escenas representadas delante y detrás de la cámara. Elegante, sutil, preciosista y con muchos más recovecos de lo que parece.


Wife of a Spy, de Kiyoshi Kurosawa

FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2020

DIA 2. 19 DE SEPTIEMBRE

Uno de los platos fuertes de la Sección Oficial venía de la mano de François Ozon y su Verano del 85. A estas alturas de su filmografía, sigue maravillando el modo en que el francés entremezcla comedia, drama, emotividad, ligereza y reflexión. Eté 85 es uno de los mejores exponentes de ese sello propio. Porque el romance adolescente -no importa el género- de esta película es también un coming of age sobre el amor fugaz del verano, la vida, la muerte y el poder sanador de la escritura en el centro de su (auto)ficción retrospectiva. Al ritmo de The Cure o Rod Stewart, la historia de Alexis y David se puede recordar con nostalgia luminosa pero en cierto modo el film también mira a los tiempos que corren. Hay que seguir bailando sobre las tumbas del pasado. Lagrimilla y todo.


Verano del 85, de François Ozon

Un inmigrante incapacitado para tocar su laúd, discusiones sobre Friends e imitadores de Freddie Mercury. La sinopsis de Limbo nos había dejado con el culo torcido y decidimos ir de cabeza a por ella. Su director, Ben Sharrock, ya había demostrado en Pikadero que le gusta descontextualizar personajes y espacios. Aquí hace lo propio con un grupo de refugiados atrapados en una desangelada isla escocesa y un tiempo que no pasa esperando una respuesta a sus solicitudes de asilo. Estupendamente rodada, con una creación de atmosferas única y un humor seco e inesperado a lo Kaurismaki, Sharrock construye un drama sin condescendencias que se apodera poco a poco del film sin dejar de enternecer. Es una fábula con ese corazón que tantas veces se echa en falta en el cine de autor. Una segunda película que hubiera merecido estar en Sección Oficial.


Limbo, de Ben Sharrock

Quien más, quien menos, se ha acercado alguna vez al género literario de los romances de época, no necesariamente menor aunque sí demasiado explotado. Sorprende que El verano que vivimos no adapte una de esas novelas fotocopiadas, porque los lugares comunes que visita este largometraje ambientado en los viñedos del Jerez de los años 50 son muchos. El film tiene unos buenos valores de producción pero el previsible andamiaje del guión -pasión a primera vista, triángulos amorosos, secretos, traiciones y venganzas- y la construcción de los personajes encarnados por Blanca Suarez, Javier Rey y Pablo Molinero, no se sostienen, especialmente cuando el drama se extiende hasta el presente. Eso sí, luce bastante más la Jerez de esta película que Donostia en la de Woody Allen. Tendrá su público.


El verano que vivimos, de Carlos Sedes

Uno de los largometrajes con el sello de Cannes que ha recabado en la Sección Oficial es Passion Simple, de la realizadora Danielle Arbid. La mujer protagonista de este film, estupenda Laetitia Dosch, se nos presenta como un ser atrapado en el letargo de una realidad que se congela a su alrededor y solamente arde cuando su amante regresa. Es una de esas historias de la vida íntima que tanto ocupan a la literatura francesa, en este caso, el estudio de un amour fou con el sexo como motor de una obsesión interminable. Si ya es complicado que una película funcione como ensayo sociológico, algo que se le presume a la novela original de Annie Ernaux, mucho más explicar los misterios de esa pasión desbordada, pura carnalidad o amor imaginario. Como tal, la película es ardua y, a ratos, interesante.


Passion Simple, de Danielle Arbid

También brilla en esta edición el género del documental musical, con dos exponentes en Sección Oficial. La primera es Crock of Gold: A Few Rounds with Shane MacGowan. Además de desgranar la trayectoria vital del cantante de The Pogues, el trabajo de Julien Temple explora también muchos de sus aledaños, intercalando aquí y allá materiales de archivo, testimonios, conversaciones conducidas por la figura de Johnny Depp e incluso un par de trazos animados. Porque Crock of Gold es el retrato de un artista como pocos, sí, pero también una historia compartida de irlandeses de raza, poetas malditos, perdedores, borrachos, drogas, excesos y punk de taberna. Vibrante, emotiva y cautivadora. Incluso para quienes no hayan cantado nunca Fairytale Of New York con una pinta en la mano. Señor documental.


Crock of Gold: A Few Rounds with Shane MacGowan, de Julien Temple

Terminamos el día con Perlas. En ADN, la actriz y directora Maïwenn va desmigajando poco a poco los orígenes, vínculos y actitudes vitales de una familia tras el fallecimiento de su patriarca. Lo hace al ritmo de un naturalismo inquieto que transita constantemente de la comedia al drama, conducido por un estupendo reparto intergenacional que reúne a gente como Fanny Ardant, Louis Garrel, Marine Vatch o Dylan Robert, además de la propia Maïwenn, catalizadora del todo lo que subyace en el film. Porque, más allá de ese retrato personal, ADN viene a escarbar en el dilema de las identidades y herencias de la Francia multicultural. En definitiva, una película sobre cómo nuestros orígenes nos definen y, al mismo tiempo, incluso las familias mal avenidas siguen siendo familias. A pesar de su dispersión, lo que cuenta es relevante.


ADN, de Maïwenn

FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2020

DIA 3. 20 DE SEPTIEMBRE

Aunque  Druk era una de las películas más esperadas del Zinemaldi, el danés Thomas Vinterberg ha conseguido superar todas nuestras expectativas. De inicio, esta historia sobre un grupo de maestros que deciden introducir unas dosis de alcohol en su día a día a modo de experimento social parece obedecer al juego de la comedia negra. Pero esa primera ronda esconde otras lecturas sobre la crisis de la mediana edad, la masculinidad herida o el constructo social de las borracheras, prismas del mismo espejo. Todos los actores están espectaculares pero lo de Mads Mikkelsen no tiene nombre, baile incluido. Así, el film de Vinterberg avanza con la ligereza del primer trago y termina pesando en la cabeza como una mala resaca. Ya lo decía Homer Simpson: Por el alcohol, causa y solución de todos los problemas de la vida.


Druk, de Thomas Vinterberg

Pasamos a Nuevos Directores con Along the Sea / Umibe no kanojotachi, segundo trabajo del realizador japonés Akio Fujimoto sobre tres inmigrantes ilegales vietnamitas atrapadas en un Japón nevado e inhóspito, tierra de esperanza convertida en prisión de pesadilla. Aunque la sucesión de injusticias, explotación laboral y desigualdades de esta película no es nueva, la propuesta convence por su asfixiante enfoque naturalista de silencios, tiempos dilatados y atmósferas glaciales, como esos largos planos en los que la cámara sigue a la protagonista principal en su huida hacia ninguna parte. El film es pequeño pero la denuncia de su drama universal. En cualquier océano del mundo, ni la sororidad ni la perseverancia bastan cuando el destino de los sueños es terminar varados en la orilla.


Along the Sea, de Akio Fujimoto

Hay películas que, por lo especial de su planteamiento, resultan difíciles de describir y todavía más complicadas de analizar. Es el caso de Todos os mortos, ambientada en una Brasil en la que la esclavitud acababa de ser abolida. Los directores Marco Dutra y Caetano Gotardo exploran en este film el choque entre dos mundos; el aparente fin de raza de una casta blanca dominante -esas mujeres atrapadas en el limbo de una casa que sobrevuela la locura- y la esperanza en el futuro de los liberados. Es un relato sumergido en una narrativa dispersa, de cadencia teatral y letargos que permiten fugas al fantástico donde debería haber un drama de época. Si uno entra en la propuesta, verá un recorrido por la memoria fantasmal del Brasil esclavista y su legado. Original, desconcertante y extrañamente hipnótica.


Todos os mortos, de Marco Dutra y Caetano Gotardo

El cine vasco (espinosa definición) tenía la difícil tarea de mantener el altísimo nivel de los últimos tiempos, tras películas como La trinchera infinita, Ventajas de viajar en tren o Errementari. Una de las llamadas a recoger ese testigo era Ane. Bajo la premisa de una madre en busca de su hija desaparecida, el director David P. Sañudo busca retratar una relación materno-filial deteriorada por la rebeldía adolescente y los ecos de una sociedad sombría. El problema de esta historia no es tanto su verosimilitud como que el guión pretenda abarcar demasiado, ya sea política, conflicto familiar o thriller. Las incertidumbres, callejones sin salida y puntos ciegos de esta historia buscadamente fría no conducen a ningún sitio. A destacar, eso sí, la brillantísima interpretación de Patricia López Arnaiz, llena de matices y conductora absoluta del film. Este año no.


Ane, de David P. Sañudo

Prueba de la expectación que había levantado Nomadland a su paso por Venecia y Toronto, León de Oro y Premio del Público, era lo multitudinario de su pase de prensa. Siguiendo la estela de The Rider, la cineasta Chloé Zhao cartografía en este film otros espacios de los Estados Unidos, así como los paisajes interiores de personas que han decidido vivir en la carretera entre el idealismo y la necesidad. Lo hace a través de una ficción documental conducida por el personaje de una Frances McDormand que huele a Óscar. Además de la preciosa música de Ludovico Einaudi, la melodía de Greensleeves parece remitirnos a los colonos de La conquista del Oeste, carromatos de vuelta a un origen común. Una conmovedora y hermosísima road movie sobre la libertad perdida del imaginario americano, testimonios vitales y caminos que no acaban.


Nomadland, de Chloé Zhao

FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2020

DIA 4. 21 DE SEPTIEMBRE

Empezamos el día con Any Crybabies Around?, uno de los dos largometrajes japoneses a competición en Sección Oficial. La lía parda su protagonista cuando, borracho hasta las cejas, monta un escándalo en el pueblo corriendo desnudo por las calles y denigrando la tradición local, hasta el punto de tener que exiliarse a la gran ciudad. Interesa el modo en que el film de Takuma Sato aborda en forma de dramedia algunos temas propios de la idiosincrasia nipona como el perdón social y la redención. También cuestiones más universales como el miedo a madurar y la paternidad. Aunque Hirokazu Koreeda asume aquí labores de producción, la película queda bastante lejos del lirismo y humor de sus trabajos, si es que buscamos el punto de comparación. Sin estar mal, le falta la misma pizca de sal que al melón de su protagonista.


Any Crybabies Around?, de Takuma Sato

Volvemos al terreno del documental musical. A diferencia de Crock of Gold, El Gran Fellove no se separa un ápice de su sujeto de estudio, el cantante y showman Francisco Fellové Valdés, una figura poco conocida que el film viene a rescatar del olvido para todos los profanos del scat cubano, el filin, las fusiones latinas del jazz y otros ritmos caribeños. Aunque por momentos la película se convierte en una verdadera avalancha de nombres, testimonios, sesiones de estudio y engranajes musicales, además del tributo biográfico Matt Dillon reivindica también la fascinación por la música más allá de fronteras. Es un documental tan enciclopédico que, por su completismo, se desborda como el que acapara demasiados vinilos en casa. Eso sí, se nota el cariño que le han puesto.


El Gran Fellove, de Matt Dillon

Isabel Lamberti, jurado de Nuevos Directores el pasado Festival, presenta este año La última primavera. En esta película, recrea los días previos al desalojo de una familia gitana de su casa, una historia a medio camino entre ficción y documental puesta al servicio de una ternura realista. Contribuyen los actores no profesionales pero también una mirada que huye del drama para ahuyentar los prejuicios del espectador, similar a la que exhibiera Isaki Lacuesta en La leyenda del tiempo y Entre dos aguas, referencias ineludibles por fondo y forma. En cualquier caso, La última primavera no necesita compararse con nadie para destacar como una ópera prima que atesora una de las más bellas virtudes a las que pueda aspirar el cine: hacer propios retratos de otras realidades.


La última primavera, de Isabel Lamberti

1948. La Segunda Guerra Mundial ha terminado pero en Lituania se siguen librando combates entre invasores comunistas y partisanos de la Hermandad del Bosque, un cruento conflicto conocido como “la Guerra olvidada”. Es el contexto histórico en el que se desarrolla el drama envenenado de In the Dusk. El director Sarunas Bartas se recrea en una puesta en escena sombría, solemne y velada, más que un film bélico, una pintura de atmosferas y personajes que han abandonado toda esperanza a ojos del joven protagonista, fantasmas marcados que surgen de la niebla como fotografías de cuadros vivientes. In the Dusk es una propuesta tan contundente en lo estético como árida en su desarrollo. No todo el mundo conseguirá entrar en sus paisajes de penumbra. Requiere aguante.


In the Dusk, de Sarunas Bartas

No lo neguemos. A veces, anticiparse a la película produce un regocijo malsano. Es la sensación que produce Herself, de Phyllida Lloyd. Como en un reverso luminoso del realismo social de Ken Loach, la protagonista de esta historia lucha por edificar una casa que es refugio, empoderamiento y emancipación de una violencia de género que la ha reducido a la nada. La idea es buena pero todos los sucesos que encadena el guión se ven a kilómetros de distancia, desde el estereotipo de sus personajes bienintencionados hasta el desenlace. Que no moleste y la interpretación de Clare Dunne sea notable no quita para que hablemos de una de las cosas más previsibles y cargada de clichés que recordamos. Mi comentario, al mismo nivel: «De construcciones de casas y reconstrucciones personales».


Herself, de Phyllida Lloyd

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DIA 5. 22 DE SEPTIEMBRE

Antonio Méndez Esparza pasó hace tres años por la Sección Oficial con La vida y nada más, cosechando excelentes críticas. En Courtroom 3H el director regresa al Zinemaldi con renovadas ansias de verismo, en esta ocasión, plantando su cámara en un juzgado de Florida en el que se discuten custodias de menores vulnerables. Además de introducirse en espacios vedados para el público, sorprende el enfoque emocional de una mirada que insiste en los primeros planos de todos los intervinientes -juez, fiscales, letrados y familiares- reflejando unos procedimientos en los que parece primar más la empatía que los tecnicismos. Hablamos de un documental sin intermediarios en el que el veredicto final corre a cargo del público. Por supuesto, a nadie se le escapa que sus elipsis también pueden jugar el papel tramposo del falso testimonio.


Courtroom 3H, de Antonio Méndez Esparza

Podríamos encasillar Supernova en el subgénero de las relaciones de pareja ante la proximidad de la muerte y las enfermedades terminales, muchas veces presente en el Zinemaldi. Como ocurría en The Leisure Seeker, esta película es también un último road trip como ejercicio de memoria ante el implacable avance del Alzheimer. Harry Macqueen consigue encarrilar un drama elegante y contenido que ya hemos visto antes pero que las interpretaciones de Colin Firth y Stanley Tucci elevan por encima de la media. Y es que, aunque la historia de esta despedida se alarga demasiado en el último tramo, sus recovecos emocionales dejan huella, como esa luz que desaparece con un inmenso resplandor. Estamos hechos de polvo de estrellas pero, como suele decirse, la procesión va por dentro.


Supernova, de Harry Macqueen

No se nos ocurría mejor idea que acercarnos a una comedia como Explota Explota a mitad de Festival, después de tanto drama y trascendencia. El largometraje de Nacho Álvarez ofrece lo que promete y, sin embargo, se queda a medio camino de todo lo que podía haber sido. Porque, aunque el carisma de Ingrid García Jonsson como aspirante a bailarina de programa de variedades y la divertidísima presencia de Verónica Echegui están ahí, la idea daba para algo bastante más loco e irreverente, sin atreverse a ir más allá de unos números musicales bastante deslucidos. Sí, es simpática, pero ofrece menos de lo que uno puede imaginar haciendo su propia sinopsis. Una comedia musical kitsch en el tardofranquismo de la censura y la Madrid yeyé a ritmo de Raffaella Carrà. Como lo oyen. Todo bien.


Explota Explota, de Nacho Álvarez

Y llegó la polémica con Beginning, de la georgiana Dea Kulumbegashvili, un film que golpea al espectador en la cara desde su primera escena. Es imposible desenredar todos los hilos de esta historia en torno a la esposa del líder de una comunidad de Testigos de Jehová amenazada, radical en la construcción de sus imágenes y turbia en sus lecturas. Entre otras cosas, Beginning habla de la religión como catalizador del mal y el deseo irrefrenable por esos mismos abismos, deteniéndose en interminables planos fijos que  estallan en violencia. La película está destinada a polarizar opiniones, apartar la mirada y condenar su crueldad o atreverse a indagar más allá de sus horrores. Malsana, onírica, implacable, pretenciosa o fascinante, da de qué hablar. Y es por eso que, guste o no, hay que verla.


Beginning, de Dea Kulumbegashvili

No son pocas las películas que reivindican los nombres de mujeres borradas de los libros de historia o eclipsadas por sus apellidos. Si la animada Miss Hokusai nos descubría a una desconocida hija del pintor japonés, Miss Marx hace lo propio con la primogénita de Karl Marx. El primer logro del film es, por tanto, que después de verlo apetezca saber más sobre su protagonista, una ambivalente Romola Garai atrapada entre ideales políticos y pulsiones románticas. Además de un enfoque feminista indisoluble de la lucha de clases, la directora Susanna Nicchiarelli busca salpicar este biopic vestido de drama de época con ramalazos de modernidad musical y golpes a la cuarta pared. Es su manera de decirnos que la lucha de su heroína continúa. Ciertamente, si Eleanor levantase la cabeza, tal vez bailaría punk.


Miss Marx, de Romola Garai

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DIA 6. 23 DE SEPTIEMBRE

El argentino Eduardo Crespo concursa con Nosotros nunca moriremos, sobre el viaje de una madre y su hijo hasta un pueblo de provincias tras un fallecimiento inesperado. Gracias a esta historia, el director pretende explorar un duelo por etapas con una mirada contemplativa. Al igual que los protagonistas, los espectadores van descubriendo todo cuanto observan desde el extrañamiento de unos paisajes detenidos en el tiempo, diálogos en pausa, tiempos de vigilia e insertos oníricos random. Es una pena que esta metafísica se agote demasiado rápido, como si la película no se atreviese a indagar en la realidad de esa muerte familiar pero tampoco a traspasar el velo mágico que impregna todo el film. Recorre caminos personales, sí, pero demasiado visitados a estas alturas. Muy justita.


Nosotros nunca moriremos, de Eduardo Crespo

Aligeramos el día con lo nuevo del catalán Cesc Gay, una adaptación al cine de su exitosa obra de teatro Los vecinos de arriba. Sentimental nos infiltra en la intimidad domiciliaria de un matrimonio venido a menos que una visita de compromiso termina de poner patas arriba. El origen teatral de la película es evidente. Se basta y sobra con un escenario y cuatro actores, inmensos Javier Cámara, Griselda Siciliani, Belén Cuesta y Alberto San Juan. Como en una sesión de terapia de pareja improvisada, esta desternillante comedia analiza el poso amargo de las relaciones sentimentales, la falta de comunicación o el final de la llama del deseo, mediante el uso de brillantes diálogos y réplicas al más puro estilo screwball. No se puede más que recomendarla. Afilada y divertidísima.


Sentimental, de Cesc Gay

Never Rarely Sometimes Always aterrizaba en Perlas por méritos propios, premiada en Sundance y Berlín. Mucho más que la crónica de un aborto adolescente, la directora Eliza Hittman se interesa aquí por dramas silenciados, machismos y sororidades como mal y consuelo. La historia de Autumn, espléndida Sidney Flanigan, se cuenta desde el mayor realismo, con una fotografía documental de grano frío, y admira como todo está en segundo plano pero nada escapa a los ojos del espectador: la sensibilidad del retrato de la protagonista, su denuncia y los rincones que deja sin iluminar. Una de esas raras películas que emocionan sin maquillaje ni subrayados pero también un film que habla de cosas verdaderamente importantes. Golpea fuerte y graba en la memoria una de las mejores escenas del Festival.


Never Rarely Sometimes Always, de Eliza Hittman

La china Wuhai parece haber pasado sin pena ni gloria por la Sección Oficial. Lejos de ser redonda, no le faltan virtudes a este drama sobre una pareja acuciada por las deudas con interés acumulado, usuras y ambiciones al filo de la corrupción. Para empezar, sus actores protagonistas y una de las mejores fotografías vistas este año, extendiéndose por los desérticos paisajes de una ciudad en mitad de la nada. Zhou Ziyang pertenece sin duda a esa generación de realizadores empeñados en destripar las incongruencias de un sistema que alimenta las desigualdades con voracidad capitalista. Y es que, además del drama y el thriller oscuro que lo sostiene, el fondo de su película es eminentemente político. Otra crónica negra más de esa China vendida al dinero en su propia huida hacia adelante.


Wuhai, de Zhou Ziyang

Cerramos el día con El agente topo, seguramente, una de las propuestas más peculiares de toda la programación. La chilena Maite Alberdi coge con el pie cambiado al espectador infiltrando a un (falso) espía en una residencia de ancianos, una fusión de realidad y ficción que radiografía la vejez y consigue que uno no sepa exactamente qué está viendo. Si la premisa es descacharrante, la directora no se estanca. Así, la historia de Sergio y sus entrañables compañeros alimenta un doble juego de identidades encubiertas reveladas. Porque, poco a poco, ese humor inicial va dando paso al retrato de unos abuelos anónimos, y en ocasiones olvidados, a los que la cámara devuelve sus nombres e historias. Una pequeña-gran película, tierna, original, conmovedora y genuina.


El agente topo, de Maite Alberdi

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DIA 7. 24 DE SEPTIEMBRE

El flamante premio Donostia de esta edición, Viggo Mortensen, llegaba al Festival con su primera película como director bajo el brazo. Falling aborda el choque generacional e identitario de dos personajes radicalmente opuestos. John vive felizmente con su marido e hija adoptiva. Su padre, un granjero ultraconservador con principios de demencia, sigue anclado en el pasado, enfrentado a un mundo que no comprende ni tolera. Bajo una primera capa de violenta incomodidad, este drama familiar a dos tiempos nos habla de la necesidad de cerrar las heridas del pasado, con sobriedad y momentos que redimen las peores bajezas morales. La contención de Mortensen cede ante la soberbia y explosiva interpretación de Lance Henriksen, el Bishop de Alien. Es un estreno nada desdeñable.


Falling, de Viggo Mortensen

En la Sección Oficial el cine asiático termina con True Mothers, de la cotizadísima Naomi Kawase. Como en Still the Water o la documental Genpin, la japonesa vuelve a tocar aquí el tema de la maternidad, una constante de su cine, ciclos de vida y muerte enraizados en el mundo natural. Puede que la dispersa historia del matrimonio adoptante y la madre adolescente protagonistas, destinos que giran sobre sí mismos con el paso del tiempo, no convenza si se analizan todas sus vertientes por separado. Vista en conjunto, se erige como un precioso y delicado relato sobre vínculos y puentes en el mar de la maternidad. Habrá a quien le siga molestando la imaginería new age de la directora pero esta Kawase, accesible y equilibrada entre el drama y el lirismo, se acerca a sus mejores trabajos.


True Mothers, de Naomi Kawase

Volamos desde Japón a Corea con Moving On, traducida aquí como Hermanos en una noche de verano. La ópera prima de la directora Yoon Dan-bi sigue las andanzas de una familia reubicada en casa del abuelo en tiempos de necesidad y crisis personales. Lo hace a través de un naturalismo que detiene la cámara en torno a la mesa, el jardín y otros refugios del calor. Es inevitable que este costumbrismo, los destellos de humor, el drama soterrado o incluso la dirección de actores nos recuerden a un Hirokazu Koreeda sin aliñar. Porque, aunque la película es entrañable y está rodada con sensible y hermosa austeridad, sus pequeños momentos no terminan de sumar un todo. No quita para que este cuento de verano sobre infancias, hermanos y familias unidas ante la adversidad llegue al corazón.


Moving On, de Yoon Dan-bi

Teníamos nuestras dudas a la hora de meternos cinco horas seguidas de proyección con una mascarilla en la cara, pero Rodrigo Sorogoyen lo merecía. Vaya que sí, porque en la televisiva Antidisturbios (Movistar+) el director de El reino mantiene intacto todo su nervio cinematográfico y lo eleva al infinito. Desde su primer episodio, la serie agarra al espectador por el cuello y no lo suelta a lo largo de un monumental y absorbente thiller de investigación con denominación de origen, tenso, trepidante y salpicado de afilados dardos de mala leche. La construcción del guión, los arrolladores planos secuencia, el reparto… Todo es magistral. Se ve en un suspiro. Película o serie, será difícil encontrar una experiencia mejor en la ficción internacional de este año. Con la boca grande. Juega en otra liga.


Antidisturbios, de Rodrigo Sorogoyen

FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2020

DIA 8. 25 DE SEPTIEMBRE

Encaramos la recta final del Festival con Casa de antigüedades. El film de João Paulo Miranda Maria se desarrolla en una Brasil que parece sacada de una realidad paralela, una fábrica de leche gestionada desde una vieja colonia austriaca. En ese entorno hostil, un trabajador nativo dará con una casa abandonada que ejerce de puerta de acceso a un pasado atávico. Este realismo mágico remite a la difícil búsqueda de raíces en una tierra invadida por los bárbaros, el racismo, la explotación y el auge del nuevo fascismo. Pero, más allá de estas lecturas, en esos márgenes fantásticos permea también la locura del terror tribal, la lanza, la máscara y la invocación de unos dioses olvidados dispuestos para la venganza. Críptica, incómoda, simbólica e inquietante. Una de esas películas que sueñan sus propios universos.


Casa de antigüedades, de João Paulo Miranda Maria

También encontramos en Nuevos Directores a la coreana Gull, concebida como trabajo de fin de carrera de la realizadora Kim Mi-jo. Cuenta la directora que para retratar a la heroína de esta película, una mujer madura víctima de una violación, quiso enfocar su drama desde la dignidad de los luchadores. Ese guante lo recoge el tesón de la actriz Jeong Ae-hwa y su magnífica interpretación. Hay una encomiable firmeza en la figura de esa personalidad que no se quiebra, pero lo más interesante del film tiene que ver con el modo en que éste exterioriza su denuncia, escondiendo el crimen del espectador para exponer en su lugar la respuesta social ante la víctima, ninguneada por las autoridades, los compañeros de trabajo y su propia familia. No vemos, pero sabemos. Pequeña pero bien planteada.


Gull, de Kim Mi-jo

Clausura Perlas The World to Come. El largometraje de la actriz y directora Mona Fastvold nos lleva a la Norteamérica de mediados del Siglo XIX, donde un matrimonio malvive emocionalmente en su granja apartada del mundo hasta la llegada de nuevos vecinos. Los paisajes y climatologías de este film traspasan la pantalla, como ese frío invernal que acecha el refugio en que se esconde la pasión secreta de las dos mujeres protagonistas, unas magnéticas Katherine Waterston y Vanessa Kirby. Y aunque ese amor prohibido sea terreno fértil para bajar al barro salvaje del western, lo cierto es que la narración se va encorsetando en el romanticismo más clásico. Guste o no, es como si la lectura en off del diario de Abigail suavizase la realidad de un mundo demasiado terrible para toda su pureza.


The World to Come, de Mona Fastvold

FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2020

DIA 9. 26 DE SEPTIEMBRE

La clausura de la Sección Oficial corre a cargo de Fernando Trueba y El olvido que seremos, una adaptación de la novela de Héctor Abad Faciolince sobre la memoria de su padre. Tras la figura de ese médico comprometido con las luchas sociales en la convulsa Colombia de los setenta se intuyen muchos temas de interés, pero Trueba prefiere pasar la brocha gorda del melodrama familiar en lugar de indagar en sus claroscuros. Resta introducirse en lo hermoso del film con la mirada elegiaca del pequeño protagonista, admirar a un sorprendente Javier Cámara de acento colombiano -¿hay algo que no pueda hacer este hombre?- y añorar las bondades de un tiempo oscurecido por la muerte. Y después, comprarse el libro. Para ser tan plana, funciona a ratos. Haters gonna hate.


El olvido que seremos, de Fernando Trueba

La organización había conseguido mantener en secreto cuál sería la película sorpresa de esta edición. La escogida era Sportin’ Life, un documental de Abel Ferrara montado durante el confinamiento y enmarcado en un proyecto artístico de Anthony Vaccarello, creativo de Saint Laurent. Conversaciones con su inseparable Willem Dafoe, conciertos, estrenos en festivales y tomas desde la clausura del balcón. Los incondicionales del inclasificable director de Pasolini, The Addiction y Teniente corrupto podrán certificar que los cortes aparentemente inconexos que cruzan este autorretrato conforman un verdadero discurso autoral. Abel Ferrara haciendo cosas de Abel Ferrara. Más que un documental, un manifiesto sobre la identidad del artista como trinchera en tiempos de guerra.


Sportin’ Life, de Abel Ferrara

Contando nuestra programación particular con tanto cine asiático, lo suyo era cerrarla con lo último de Hong Sang-soo, presente en Zabaltegi. The Woman Who Ran recoge el reencuentro de una mujer con tres amigas del pasado, en manos del director, otro paseo por sus historias de lo cotidiano: bifurcaciones melódicas, charlas, largos planos, zooms, pellizcos de humor y muchas cosas que leer bajo la banalidad de la superficie. No deja de sorprender que, aunque esta película parezca más de lo mismo, la mirada del coreano sea cada vez más depurada y femenina, de una serenidad que los hombres interrumpen aquí con su mera presencia. Definitivamente, Hong Sang-soo no es para todo el mundo pero tiene mucho que ofrecer. Quédense con la escena del gato. Hay que quererlo.


The Woman Who Ran, de Hong Sang-soo

VALORACIÓN Y CIERRE

Corren tiempos difíciles, especialmente para el sector cultural. Haber podido ver tantas y tan buenas películas en este contexto es un verdadero privilegio. Cualquier otra valoración es accesoria. El Zinemaldi termina pero las salas de cine siguen ahí, esperando nuestra presencia con sus ventanas abiertas a otros mundos, más necesarias que nunca. Parece una evidencia pero no está de más recordarlo. Con o sin interacción social, palomitas, mascarillas, medidas de seguridad, estrenos o reposiciones, lo que importan son las películas. Hoy, más que nunca, sigamos yendo al cine.

Nuestro Palmarés

Concha de Oro a la mejor película: Druk

Premio Especial del Jurado: Courtroom 3H

Concha de Plata a la mejor dirección: Dea Kulumbegashvili

Concha de Plata a la mejor actriz: Ia Sukhitashvili

Concha de Plata al mejor actor: Mads Mikkelsen

Premio del Jurado a la mejor fotografía: Wuhai / In the Dusk

Premio del Jurado al mejor guión: Beginning

Premio ¡¿Por qué Rebor?! ¡¿Por qué?!: Nosotros nunca moriremos

Premios Flipesci

Flipesci Zinemaldia: Druk

Flipesci Perlas: Never Rarely Sometimes Always

Flipesci Nuevos Directores: Limbo

Flipesci Horizontes Latinos: Las mil y una

Flipesci Zabaltegi: The Woman Who Ran

Top Zinemaldi

1.- Antidisturbios

2.- Nomadland

3.- Druk

4.- Verano del 85

5.- La mujer del espía

6.- Crock of Gold

7.- True Mothers

8.- Never Rarely Sometimes Always

9.- The Woman Who Run

10.- Nuevo orden

Sin desmerecer: The Father, Limbo, ADN, Todos os mortos, In the Dusk, Miss Marx, Sentimental, El agente topo, Beginning, The World to Come, Moving On y Casa de antigüedades.

Textos: @Fer_Iradier

Fotografías: @javivoland

Galería de fotos: https://www.flickr.com/photos/javivoland/albums/72157673958556408

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